viernes, abril 01, 2022

¿Cómo influye en el vínculo emocional de pareja el deseo sexual?

 




¿Cómo influye en el vínculo emocional de pareja el deseo sexual?

Veamos el modo en el que nuestra manera de vivir el deseo sexual afecta a las relaciones de pareja.

El deseo sexual es un factor muy relevante a la hora de comprender el vínculo emocional que existe entre dos personas involucradas en una relación de pareja, Sin embargo, a veces, la falta de comunicación entre ambas e incluso la falta de conocimientos sobre la sexualidad hacen que experimenten ese tipo de deseo de una manera disfuncional, o incluso que consideren que tienen un problema en las relaciones íntimas pesar de que, en realidad, ese problema solo existe en su imaginación.

Por todo ello, en este artículo hablaré acerca del vínculo entre el deseo sexual y el vínculo emocional que mantiene unida una relación de pareja.

 

Empecemos distinguiendo entre el deseo sexual y la atracción sexual

El deseo sexual es, en general, el deseo de tener sexo, y no tiene por qué ir dirigido hacia una persona en concreto que nos haga sentir de esa manera.

La atracción sexual, por el contrario, siempre va dirigida hacia una persona y/o grupo de personas, aunque esto no significa que tan solo sea una reacción a su aspecto: se ve condicionada por muchos aspectos, algunos de ellos bastante sutiles, como la personalidad de alguien, sus intereses, etc.

Por otro lado, es cierto que el deseo sexual y la atracción sexual, aunque no sean lo mismo, pueden llegar a solaparse. Por ejemplo, si nos exponemos de manera muy frecuente a personas que nos atraen sexualmente, es más probable que también sintamos deseo sexual de otra manera: quizás lo sintamos en niveles muy altos al principio, pero a medida que a pasando el tiempo puede ocurrir que el grado de familiaridad con esas personas lo haga bajar. Lo que sí hay que tener claro es que si bien tanto la atracción sexual como el deseo sexual tiene causas psicosociales y biológicas, no tenemos control sobre la atracción sexual, pero sí tenemos cierto control sobre el deseo sexual.

 


Las subidas y bajadas en el deseo sexual: un proceso normal

Tal y como ocurre con muchos otros aspectos de la sexualidad, el modo en el que vivimos el deseo sexual está sujeto a un conjunto de patrones de liberación hormonal que, a medida que vamos creciendo y madurando, evoluciona con nosotros. Así, podemos analizar el modo en el que sentimos deseo sexual tanto en una escala temporal “micro” (de minutos o incuso segundos) y macro (de semanas, meses y años). En ambas escalas, es completamente natural que apreciemos subidas y bajadas en el nivel de deseo sexual que vivimos.

Por otro lado, es importante saber que en la mayoría de las veces, a partir de la etapa de la juventud el deseo sexual va disminuyendo, y esto no es ni un problema de salud ni algo malo.

A fin de cuentas, a pesar de que hoy en día el sexo no sea sinónimo de reproducción, evolutivamente su existencia sí que se debe a la aparición de una estrategia reproductiva que es la más habitual entre los animales vertebrados; y como vivimos mucho más que nuestra etapa de mayor fertilidad, es un proceso natural que a medida que envejecemos la predisposición a sentir deseo sexual también vaya decayendo. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos nunca desaparece del todo, y tal y como hemos visto, siempre disponemos de un cierto margen de maniobra para hacer que la experiencia del deseo sexual “venga a nosotros” en un momento dado.

Además, también se sabe que las ganas de tener sexo con una persona suelen disminuir a medida que vamos ganando familiaridad con ella. Esto se debe en parte que cuando profundizamos en una relación con alguien, encontramos en esa persona más facetas de su personalidad y de su manera de ser que no tienen nada que ver con el sexo, y es por ello que su presencia deja de llamarnos la atención principalmente por lo que nos atrae. Sin embargo, la familiaridad por sí sola no hace que las ganas de tener sexo con una persona desaparezcan completamente.

 

¿Cómo influye en una relación de pareja el deseo sexual?

Estas son algunas de las maneras más habituales en las que el hecho de vivir el deseo sexual de una u otra manera influye en el vínculo emocional de las relaciones de pareja:

             Saber interpretar bien lo que es el deseo sexual ayuda a entender bien las necesidades sexuales de nuestra pareja y de nosotros mismos.

             El deseo sexual puede quedar incorporado en las dinámicas de ocio y diversión que hacen que la relación de pareja sea estimulante.

             El deseo sexual es lo suficientemente adaptable como para ofrecer un margen de maniobra para que los gustos de ambas personas encajen entre sí y se complementen.

             Si el deseo sexual es confundido con la atracción sexual, esto puede dar lugar a problemas en la relación de pareja.

 


¿Qué ocurre si el deseo sexual en una relación de pareja decae?

Así pues… ¿Qué hacer si el deseo sexual decae a medida que pasa el tiempo en una relación de pareja? En situaciones de este tipo, tened en cuenta estas pautas e ideas clave.

 

1. Planteaos si eso es realmente un problema

La disminución de la predisposición a sentir deseo sexual no tiene por qué ser un factor problemático ni para uno/a mismo/a ni para la relación de pareja: no hay nada que nos obligue a experimentar la sexualidad con la misma intensidad y el mismo número de relaciones sexuales que en los años anteriores, aunque por desgracia la sociedad dé mucha importancia al ímpetu y al éxito sexual vinculados a la juventud por cuestiones culturales. Tan solo podría ser considerado un problema si esto ha generado una asimetría en la relación de pareja, lo cual ocurre cuando una de las personas tiene más interés en vivir el sexo que la otra.

Así pues, algo tan sencillo como plantearos esta pregunta inicial os empoderará y contribuirá a que no os sintáis mal por algo que realmente tan solo es un producto de la presión social. Además, al ser dos personas, os resultará más fácil no sentiros solos ante ese bombardeo de imágenes, opiniones y productos audiovisuales en los que se da por hecho que todo el mundo desea tener sexo en toda situación.

 

2. Aprended a conectar con el otro evitando los temas tabú

En el ámbito de lo sexual y de las relaciones íntimas, es muy importante saber escuchar y ser escuchados, entre otras cosas porque en temas tan privados es muy fácil dejarse llevar por las apariencias y/o caer en las presuposiciones apresuradas.

Y esta manera de conectar intelectual y emocionalmente con alguien únicamente puede tener lugar si no se trata la sexualidad como algo tabú. Especialmente en una relación de pareja, es muy relevante mantener una actitud abierta y o prejuzgar, dado que para muchas personas este es el único sitio en el que se puede hablar de ciertos miedos, ciertos gustos, experiencias pasadas dolorosas en lo sexoafectivo, etc. Eso o significa que haya que decir que sí a todo, pero sí que hay que mantener una actitud de escucha activa y ayudar a la otra persona a expresarse sin ceder a los miedos y/o a sus inseguridades.

 

3. Aprended maneras alternativas de vivir la sexualidad

Es muy probable que cuando la disminución del deseo sexual sea visto como un problema, esté participando en el mantenimiento de ese malestar toda una serie de expectativas y de mitos alrededor de la sexualidad que llevan a vivir el sexo de una manera muy limitada. Esto se debe a una visión heteronormativa de lo que se supone que debe ser una relación sexual, en la que de paso, se pone el foco en aquellas cosas que pueden hacer las personas jóvenes, dejando de lado las experiencias de las personas mayores, las personas homosexuales y bisexuales, etc.

Por eso, os alegrará saber que a la que se empieza a romper este marco de referencia tan encorsetado, es relativamente fácil que descubráis nuevas maneras de despertar el deseo sexual, porque seguramente encontraréis maneras de vivir el sexo que encajen con nuestras preferencias, con vuestras capacidades físicas, etc.

 

4. Para todo lo demás, acudid a profesionales

Tanto desde la terapia de pareja como desde la sexología los podemos ofrecer herramientas muy valiosas para desarrollar la sexualidad de una manera en la que os sintáis cómodos/as; al mismo tiempo, os ayudaremos a establecer un espacio de comunicación honesta y directa que permita que cada parte se exprese y todos los problemas y preocupaciones sean escuchados. Y en el caso de que la disminución de deseo sexual se deba a una disfunción, será posible intervenir en ella: en la mayoría de las ocasiones, el origen de estos problemas es psicológico y puede ser superado en pocas semanas.

 

Autora: Blanca Ruiz Múzquiz

 

 

sábado, febrero 19, 2022

Disfunciones sexuales: qué son, qué tipos hay y cómo se tratan

 Disfunciones sexuales: qué son, qué tipos hay 

y cómo se tratan
Un resumen de las principales características de esta clase de problemas en la vida y en la pareja.
Las disfunciones sexuales son todas aquellas situaciones en las que la satisfacción sexual o la respuesta sexual se ven afectadas y ello impide participar en una relación sexual deseada. Afectan tanto a hombres como a mujeres y no tienen por qué ir asociadas a la edad o a la orientación sexual.
Nuestra sexualidad es valorada, aunque sea de forma privada e íntima, como uno de los aspectos más importantes de nuestra vida. Sin embargo, de todas y todos es sabido que a lo largo de la historia, la sexualidad humana ha sido nido de tabúes, prejuicios y censura.
La represión de la sexualidad, nada buena, el freno del deseo y la ignorancia generalizada sobre el tema provoca no solo que no podamos conocer, expresar y disfrutar al máximo nuestra sexualidad, sino que en no pocas ocasiones provocan la aparición de dificultades más graves que nos impiden ese goce y que perjudican nuestras relaciones, tanto de pareja, como a nivel social, ya que dañan la autoestima y la satisfacción general con la vida.
Prevalencia

Aunque las estadísticas son confusas, debido al desacuerdo que suele haber en la clasificación de las disfunciones sexuales, indican una prevalencia bastante alta. Masters y Johnson, pioneros en la investigación de la sexualidad humana en la década de los 60, indicaron que el 50% de parejas heterosexuales presentaba alguna disfunción sexual.
Actualmente, según el Instituto Andaluz de Sexología y Psicología (2002) la disfunción sexual por la que más se consulta es la disfunción eréctil, que abarca el 48% de las consultas. La eyaculación precoz le sigue con un 28,8% y después, el deseo sexual hipoactivo (8%), la anorgasmia femenina (7,4%), el vaginismo (1,6%) y trastornos del orgasmo masculino (0,4%).
¿Cómo puedo saber si padezco alguna disfunción sexual?
En el momento en que sientas malestar o insatisfacción en lo relacionado con tu conducta sexual. Para mí, la disfunción comienza cuando es la propia persona la que no está a gusto en sus relaciones, no cuando el cuerpo no responde como la sociedad dicta que debería responder (Ej.: “Un hombre de verdad aguanta más de X tiempo”, si tú estás satisfecho con tu tiempo de eyaculación y tu pareja también, no hay disfunción sexual que valga). Es decir, es una percepción subjetiva.
Cómo interfiere en la calidad de vida

Nuestro cuerpo es un medio para el placer. Si este no funciona como nos gustaría ese placer se va a ver invadido, ¿no proporciona el placer calidad de vida en todos los sentidos? Si nuestras relaciones sexuales no nos proporcionan satisfacción vamos a dejar de mantenerlas, cuando numerosos estudios dicen que una de las variables que está asociada a la satisfacción sexual es la frecuencia con la que se tienen, tanto para hombres como para mujeres.
Además, como es evidente, no solo se van deteriorando la relación de pareja en la cama, sino también la confianza en una/o misma/o, la autoestima se ve deteriorada y en caso de tener pareja estable, la comunicación con esta y la satisfacción en general con la relación también va en detrimento.
Como es habitual, pero no por ello la mejor elección, los problemas sexuales se suelen vivir en silencio. Esto solo genera serios conflictos internos (y con la pareja), mermando consecuentemente la calidad de vida.
Por qué es importante el tratamiento

Las disfunciones sexuales suelen convertirse en un círculo vicioso. Se empieza teniendo un episodio en el que nuestro cuerpo no ha reaccionado como nosotros queríamos (se ha perdido o no se ha conseguido una erección, de repente no apetece tener relaciones sexuales, no consigo llegar al clímax o eyaculo antes de lo que me gustaría).
A la siguiente relación sexual ya se va con cierta ansiedad anticipatoria en el cuerpo por miedo a que vuelva a pasar; esa ansiedad es la que hace que el cuerpo no vuelva a funcionar. Así, hasta que se deja de intentar (“total, no voy a disfrutar” o “total, ¿para qué lo voy a intentar si no voy a conseguir?” o “soy un inútil” o “quiero satisfacerle/a y no puedo”). En fin, entras en un bucle del que es muy difícil salir y para el que se necesita, en la gran mayoría de los casos, de ayuda terapéutica.
Hablar de los problemas relacionados con la sexualidad produce emociones muy complejas como la culpa, la vergüenza o el fracaso. Por eso, a muchas personas y parejas les cuesta muchísimo dar el paso para acudir a terapia.
Sabemos que cuesta mucho, en primer lugar, aceptar que tienes un problema que por lo general da vergüenza admitir ante uno mismo y ante los demás, y en segundo lugar, atreverse a pedir ayuda. Muchas parejas pasan una media de 3 años sin hablar de solucionar el problema y pasan 5 hasta que acuden a terapia.
La razón primordial por la que es importante tratarlas es porque los problemas en la cama producen dolor emocional (y físico en algunas disfunciones) que puede afectar a la autoestima y a tu calidad de vida en general. Es importante que no dejes que las emociones de las que hablábamos antes te invadan y no te dejen ponerle fin a ese círculo vicioso, ya que son precisamente ellas las que lo alimentan.
Referencias bibliográficas:
·         Toquero de la Torre, F., Zarco Rodríguez, J., Cabello-Santamaría, F., Alcoba Valls, S., García-Giralda Ruiz, L. and San Martín Blanco, C. (2004). Guía de buena práctica clínica en disfunciones sexuales. Madrid: Organización Médica Colegial.

·         por UPAD Psicología y Coaching

viernes, enero 07, 2022

El proceso de adicción

 

El proceso de adicción

 

 


El proceso de adicción

La palabra adicción proviene del latín addicere, que significa condenar. Una persona adicta se encuentra de alguna manera condenada a una serie de condiciones de servilismo involuntarias, obligada a cumplir las exigencias de su dependencia.

El proceso por el que una persona desarrolla una adicción es complejo, multideterminado y variable. Se inicia con pequeños consumos que favorecen la compulsión de seguir consumiendo (efecto priming) y la aparición de una necesidad imperiosa de consumo o craving. Cuando este abuso, se hace crónico, se produce en el cerebro una neuroadaptación que produce los efectos de tolerancia y abstinencia.

En este vídeo podemos ver de manera simbólica como se desarrolla un proceso de adicción y algunas de sus consecuencias:

                                    http://youtu.be/HUngLgGRJpo

 

 

          Uso, abuso y dependencia

El proceso de adicción se caracteriza por tres frases: uso, abuso y dependencia. Por uso se entiende aquella fase en la que no hay consecuencias negativas para la persona o ésta no las aprecia (ej. consumos esporádicos). En la fase de abuso, el consumo es de manera continuada a pesar de las consecuencias negativas. Y la dependencia surge cuando el consumo es excesivo teniendo implicaciones negativas para la persona durante un largo período de tiempo, tanto de manera continua, como intermitente o solo los fines de semana.




Por lo tanto, la conducta adictiva no se manifiesta de golpe, sino que ésta reviste un proceso formado por una lógica interna de encadenaciones y aproximaciones, que conlleva con el paso del tiempo un abandono existencial de la persona, la cual, en sus inicios  niega que la sustancia o actividad constituye un problema que no puede controlar y que las consecuencias o efectos derivados de ella, guarden alguna relación. La línea entre el abuso y la adicción es muy corta,  y en ocasiones inadvertida.

En un primer lugar, se suele buscar la vivencia de una nueva experiencia o la búsqueda de nuevas sensaciones para compartir con otros. Cuando ya se conocen los efectos, se intenta llegar a conseguir alguno en especial, pudiendo incluso utilizar el consumo de sustancias para el afrontamiento de situaciones que de otra manera la persona se ve sin recursos, generando cada vez un mayor nivel de dependencia.

Una característica común en las conductas adictivas, es la pérdida de control. La persona que presenta una adicción no tiene control sobre esa conducta, produciéndole dependencia, síndrome de abstinencia, tolerancia y consecuencias negativas en su vida, que puede que le lleven a buscar tratamiento o incluso, le fuercen a buscarlo.

El mayor problema de la adicción no son solo los efectos a corto plazo, sino aquellos que se producen a medio y largo plazo.

 


 

La adicción tiene consecuencias físicas, psicológicas y sociales

 

          Neurobiología de la adicción

–Circuito de Recompensa y neurotransmisores

El circuito de recompensa o circuito del placer, desempeña un papel clave en el desarrollo del proceso de dependencia a una sustancia, tanto en el inicio, como en el mantenimiento y recaída. El circuito de recompensa se compone de la vía mesolímbica y la vía mesocortical, los núcleos de Rafe y la amígadala. Es un sistema primitivo básico para la supervivencia, ya que de él dependen varias actividades placenteras como la reproducción, la alimentación, etc. Su fin último consiste en perpetuar las conductas que al sujeto le produzcan placer. Siendo una vía común de reforzadores, tanto naturales como artificiales (Damasio, 1994; Verdejo y Bechara, 2009).




El consumo de sustancias incrementa la dopamina, el neurotransmisor básico de este circuito, apareciendo amplificado el efecto hedónico. Siendo esta sensación placentera la que hace que la persona vuelva a consumir.

Un estímulo placentero, supone la liberación de dopamina. Por lo que el consumo de sustancias supone un incremento de este neurotransmisor, el cual, produce una intensificación del placer. Pero el consumo crónico, no produce una mayor cantidad de dopamina, sino alteraciones en los receptores de este neurotransmisor. Esto se manifiesta en la tolerancia, la necesidad de dosis cada vez mayores para intentar alcanzar un mismo efecto. Proceso que tiene como consecuencia el aumento del consumo para mantener constante el grado de estimulación.

Además, encontramos otros neurotransmisores involucrados como la serotonina, los opiáceos, el GABA y la noradrenalina, que actúan regulando diversas estructuras del circuito de recompensa.

Y la participación, de los sistemas hormonales, en concreto el eje hipotálamo-hipofisis-adrenal (HHA), que facilitaría el mantenimiento de la adicción, deteriorando el estado físico e inmunológico.

Las adicciones pueden ser una salida equivocada a la necesidad de buscar placer y anestesiar de esta manera el dolor, de olvidar las frustraciones de la vida, evadirse o negar  los conflictos internos y/o alterar la conciencia para escapar y huir de la angustia existencial. Por lo tanto, TODA ADICCIÓN IMPLICA LA HUIDA DE UNO MISMO. Huida provocada por la vivencia de una existencia vacía de sentido.

 


Bibliografía utilizada:

-Becoña, E. (2008). Drogodependencias. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología,

edición revisada, vol. 1 (pp. 375-402). Madrid: McGraw-Hill.

-Bobes, J., Casas, M. y Gutiérrez, M. (Eds.) (2011). Manual de trastornos adictivos. Madrid: Adamed.

-Fernández, E. (2002). Bases neurobiológicas de la drogadicción. Revista de Neurología, 34, 659-664.

-Tirapu, J., Landa, N. y Lorea I. (2004). Cerebro y adicción. Una guía comprensiva. Pamplona: Ediciones

Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.

miércoles, enero 05, 2022

10 características de las mujeres que aman demasiado

 10 características de las mujeres que aman demasiado


 

¿Cómo podemos amar sin sufrir? ¿Cómo cambiar nuestra forma de querer para no lastimarnos?

Cuando te sientes enamorada y sin embargo sientes que también sufres, lo más probable es que seas una de las mujeres que aman demasiado.

 

Cuando la mayoría de tus temas de conversaciones con tus amistades más cercanas se trata sobre él, sobre su vida, sus problemas, sus actos, sus sentimientos; es que estás amando demasiado.

Cuando excusas su malísimo humor, cuando disculpas su mal trato, cuando justificas su indiferencia, cuando normalizas sus desaires; es que estás amando demasiado. Cuando dejas de ser su pareja e intentas ser su psicóloga es que estás amando demasiado.

Aprender a reconocer, comprender y pasar de amar demasiado a alguien que provoca dolor, a amar solo lo necesario como para detener ese dolor. Para poder amar a alguien, primero tenemos que aprender a amarnos.

 


 

 

Características de mujeres que aman demasiado

Las siguientes características son típicas de las personas que aman demasiado, o personas con dependencia emocional, y sí, también hay hombres que aman demasiado.

1.            Típicamente, usted proviene de un hogar disfuncional que no satisfizo sus necesidades emocionales

2.            Habiendo recibido poco afecto, usted trata de compensar indirectamente esa necesidad insatisfecha proporcionando afecto, en especial a personas que parecen, de alguna manera, necesitadas.

3.            Debido a que usted nunca pudo convertir a sus progenitores en los seres atentos y cariñosos que usted ansiaba, reacciona profundamente ante la clase de personas emocionalmente inaccesibles a quienes puede volver a intentar cambiar por medio de su amor.

4.            Como le aterra que lo abandonen, hace cualquier cosa para evitar que una relación se disuelva.

5.            Casi ninguna cosa es demasiado problemática, tarda demasiado tiempo o es demasiado costosa si “ayuda” a la persona con quien usted está involucrada.




6.            Acostumbrado a la falta de amor en las relaciones personales, usted está dispuesta a esperar, conservar esperanzas y esforzarse más para complacer.

7.            Está dispuesto a aceptar mucho más del cincuenta por ciento de la responsabilidad, la culpa y los reproches en cualquier relación.

8.            Su amor propio es críticamente bajo, y en el fondo usted no se siente merecedor de la felicidad. En cambio, cree que debe ganarse el derecho de disfrutar la vida.

9.            Necesita con desesperación controlar a sus parejas y sus relaciones, debido a la poca seguridad que experimentó en la niñez. Disimula sus esfuerzos por controlar a la gente y las situaciones bajo la apariencia de “ser útil”.

10.          En una relación, está mucho más en contacto con su sueño de cómo podría ser que con la realidad de su situación.

11.          Es adicto a las relaciones y al dolor emocional.

Es probable que usted esté predispuesto emocionalmente y, a menudo, bioquímicamente, para volverse adicto a las drogas, al alcohol y/o a ciertas comidas, en particular los dulces.

12.          Al verse atraído hacia personas que tienen problemas por resolver, o involucrada en situaciones que son caóticas, inciertas y emocionalmente dolorosas, usted evita concentrarse en su responsabilidad para consigo mismo.

13.          Es probable que usted tenga una tendencia a los episodios depresivos, los cuales trata de prevenir por medio de la excitación que proporciona una relación inestable.

14.          No le atraen las personas que son amables, estables, confiables y que se interesan por usted. Esas personas “agradables” le parecen aburridas.

Poder reconocer las características de las personas que aman demasiado es solo el primer paso para poder amarse a uno mismo y así establecer una relación de pareja sana, feliz y duradera.

Las personas piensan que lo más doloroso es perder a quien amas. Pero la verdad es que perder a sí mismo en el proceso de amar a alguien demasiado, olvidándote de quién eres, es mucho peor.

“No alimentes el poder de quien te explota afectivamente, tu debilidad es la fortaleza del otro” –Walter Riso

visto en: Consejos del Conejo