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miércoles, noviembre 04, 2020

La Responsabilidad

La Responsabilidad


Es muy frecuente hablar de libertad, de defender esta capacidad del hombre de ser libre, sin embargo, no se habla tanto de responsabilidad. Ser responsable supone asumir las consecuencias de los propios actos, de nuestras decisiones.

No significa

La responsabilidad no significa sólo responder ante uno mismo, hemos de responder también ante los demás.

Significa

Podemos definir a la persona responsable como aquella que asume las consecuencias de sus actos intencionados, resultado de las decisiones que tome o acepte; y también de sus actos no intencionados, de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible o, por lo menos, no perjudicados; preocupándose a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan lo mismo.

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia


La responsabilidad: condiciones y tipos.

a) ¿Qué es la responsabilidad?

 Una persona responsable toma decisiones conscientemente y acepta las consecuencias de sus actos, dispuesto a rendir cuenta de ellos. La responsabilidad es la virtud o disposición habitual de asumir las consecuencias de las propias decisiones, respondiendo de ellas ante alguien. Responsabilidad es la capacidad de dar respuesta de los propios actos.

b) Condiciones para que exista responsabilidad.

Para que pueda darse alguna responsabilidad son necesarios dos requisitos:

• Libertad. Para que exista responsabilidad, las acciones han de ser realizadas libremente. En este sentido, ni los animales, ni los locos, ni los niños pequeños son responsables de sus actos pues carecen de uso de razón (y el uso de razón es imprescindible para la libertad).

• Ley. Debe existir una norma desde la que se puedan juzgar los hechos realizados. La responsabilidad implica rendir cuenta de los propios actos ante alguien que ha regulado un comportamiento.

c) ¿Responsabilidad ante quién?

El hombre responde de sus actos ante sí mismo (juicio de conciencia) y otros hombres. A su vez, la responsabilidad ante los demás puede ser de varios tipos: responsabilidad jurídica (ante las leyes civiles), familiar doméstica (ante la familia), laboral, etc.

d) ¿Puede haber exceso de responsabilidad?

Sí. Hay exceso de responsabilidad cuando se piden cuentas -a sí mismo o a otros- de comportamientos que no estaban regulados o que no era preciso regular. Suele darse cuando falta amor a la libertad; por ejemplo, si se pretende regular y controlar todo y al detalle, atenazando

diversidad e iniciativas. Pero es más frecuente la irresponsabilidad.

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia


 ¿Cómo mejorar la responsabilidad?

1) ¿Cómo ser más responsables?

 El camino más rápido para mejorar en responsabilidad es apreciar claramente que de nuestro comportamiento dependen cosas grandes. Los hombres con ideales y metas elevadas se responsabilizan enseguida de sus decisiones.

2) ¿Qué cualidades ayudan a la responsabilidad?

 Hay varias virtudes que se relacionan mutuamente con la responsabilidad. Digamos dos:

Valentía. Para dar cuenta de los propios actos hace falta un valor capaz de superar el temor al castigo. (Responsabilidad ante los demás).

Humildad. El orgullo dificulta pedir perdón; mientras que la persona humilde reconoce sus fallos. (Responsabilidad ante uno mismo).

3) ¿La responsabilidad mejora con la edad?

 Con la edad suelen tomarse decisiones más importantes, y normalmente la responsabilidad aumenta. Pero no mejora por el simple paso de los años, sino por los hábitos que se adquieren. Puede verse el tema madurez.

4) ¿Cómo ejercitar la responsabilidad?

La manera habitual de desarrollar esta virtud es aceptar responsabilidades por las acciones realizadas:

Responder de los encargos recibidos. Procurar cumplir los compromisos, las tareas, los deberes. No sólo laborales, también deportivos o familiares. Evitando atribularse con exceso de reglas que pueden conducir a rechazar regulaciones y responsabilidades.

Reflexionar ante la propia conciencia. Es bueno reconocer errores y culpas. Quien no reconoce culpas puede acabar siendo asesino en serie a quien todo da igual.

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia



Información tomada de:
  • file:///C:/Users/Centro%20Terap%C3%A9utico%203/Downloads/Dialnet-ResponsabilidadEnPsicologia-6246262.pdf
  • https://www.educacion.navarra.es/documents/27590/51352/AUTONOMIA_Y_RESPONSABILIDAD.pdf/34e7af0a-341e-47eb-b7a6-5b44a2c56a4e
  • https://fundacioncanfranc.org/wp-content/uploads/2012/03/PDF-tema-10-RESPONSABILIDAD.pdf

miércoles, septiembre 02, 2020

En cuarentena con un adolescente, ¿Qué puedo hacer?

 

En cuarentena con un adolescente, ¿Qué puedo hacer?

La adolescencia es el periodo de culminación de desarrollo madurativo en relación al cerebro y al sistema nervioso, finalizando a los 20 años. Es decir, hasta esta edad los jóvenes no serán capaces de poseer un autocontrol, gestión emocional y funciones ejecutivas (planificación, organización, inhibición, etc) maduros. Esta etapa es para nuestros hijos un periodo donde se desarrolla su identidad y su personalidad. Es un momento duro para ambas partes, puesto que pasamos de la dependencia infantil a la búsqueda de autonomía.

El reporte tenía como objetivo principal medir el impacto en la salud emocional de los adolescentes en tiempos de aislamiento por la pandemia del coronavirus (EFE)

Si a este cambio añadimos una cuarentena por un virus que cambia la rutina y los hábitos de toda la familia, es la suma para que cuyo resultado sea una acumulación de emociones y sentimientos de miedo, rabia, tristeza, incertidumbre, entre otros

Un trabajo reciente de investigadores italianos y españoles, informa que el 85% de madres y padres notaron cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijes y que el síntoma más frecuente fue la dificultad para concentrarse, seguido de aburrimiento, irritabilidad, inquietud, nerviosismo, sentimientos de soledad y preocupación. Todos pasaron mucho tiempo frente a pantallas, hicieron menos actividad física y durmieron más horas durante la cuarentena.

adolescentes

La Universidad Complutense de Madrid, en España, hizo un relevamiento con foco en la salud mental de la población durante el confinamiento. Sus conclusiones se asemejan a los resultados del relevamiento de un grupo de científicos de la facultad de Psicología de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), en Argentina. Los indicadores de ambas entidades comulgan: los jóvenes entre 18 y 39 años experimentan mayor nivel de ansiedad, depresión y estrés en el encierro que el resto de los rangos etarios.

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia

Perdida de la interacción social ¿afecta en el adolescente?

Uno de los procesos más afectados en este periodo de cuarentena con relación a los adolescentes es la socialización. La relación entre pares es crucial en esta etapa, pues los amigos son quienes ayudan a la construcción de la identidad. El proceso de estar en grupo sirve para muchas cosas, pero principalmente les permite saber qué tipo de persona son en el vínculo con los otros, quiénes quieren ser. También los amigos son el espacio donde surge el encuentro de pareja, siendo una preocupación muy grande para los adolescentes.

Cómo resolver los conflictos con los adolescentes durante la cuarentena

Antes de la etapa de aislamiento, los jóvenes podían disfrutar reuniéndose en fiestas, salidas grupales y otras actividades que les permitían conocerse más entre ellos. Una característica interesante del adolescente es la sensación de omnipotencia y el ego que se desarrolla en esta etapa, pues el individuo se siente capaz de realizar varias cosas desde salir a divertirse hasta altas horas de la noche y al mismo tiempo llevar muchas asignaturas en la universidad. Por ello, esta población se ve limitada en el desarrollo de estas actividades, pues no tiene el espacio físico a su disposición ahora, aunque en el contexto actual, es afortunado para su seguridad.

En este escenario, la tecnología está jugando un rol importante al convertirse en los nuevos espacios protagónicos de interacción entre los jóvenes, a pesar de que ellos siempre han estado allí. Ya sea por medio de juegos, aplicaciones para videoconferencia, extensiones para compartir pasatiempos juntos o incluso las clases virtuales, los adolescentes pueden compartir y vivir nuevas experiencias comunicativas. Lo virtual se ha convertido en un excelente soporte de contacto, porque nos está permitiendo reunirnos con todos. A veces, escuchamos a los docentes o padres decir que las redes aíslan a los chicos. Es curioso porque, dada esta situación, son los adolescentes lo que más buscan contactarse y quienes encuentran nuevas formas de hacerlo.}

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia 

Para poder llevar a cabo una feliz y calmada convivencia es necesario tener en cuenta los siguientes tips: 

Primero

Entender al adolescente, cómo se siente, cómo vive la situación actual… Por la naturaleza y necesidades que presentan en dicha etapa, normalmente requieren salir, socializar, y sobretodo, relacionarse con sus amigos. Ante este retiro en casa, no pueden llevar a cabo un aspecto básico de su día a día, lo que conlleva al aumento de malestar, frustración, y por ello, discusiones en el ámbito familiar.

Adolescentes en cuarentena y cómo les afecta perder su vida social - La  Tercera

 

Segundo

Mantener la calma, entender que para nosotros también es un momento duro, necesitamos tranquilizarnos y gestionar lo que estamos viviendo. Intentar planificar un horario semanal con una serie de rutinas donde haya espacio para uno mismo, el trabajo, la familia y los amigos. Llevando a cabo ejercicios de relajación, meditación y deporte. Y manteniendo en lo posible la vida social con amigos y seres queridos mediante videollamada.

PuntoEdu Adolescencia en cuarentena | PUCP

 

Tercero.

A la hora de llevar un diálogo e intentar acuerdos, es primordial tener en cuenta estas tres premisas:

  • ·         ¿Qué le sucede a mi hijo/a para que actúe así?
  • ·         ¿Qué quiero transmitirle?
  • ·         ¿Cómo puedo transmitirle mi mensaje?

 William Torres Psicólogo Clínico y de Familia 


Cuarto

Intentar poner unas pautas en casa respecto a la nueva situación. Realizar una reunión donde se marquen los nuevos timing, tiempo para ocio, tareas o deberes, juegos, etc.

Cuáles son los problemas psicológicos derivados de la cuarentena

 

Quinto

Cuando aparezca un conflicto, no entrar directamente. Esperar a que nuestro hijo/a se tranquilice y una vez que se haya calmado hablar con él/ella.

 

Sexto

Los seis tiempos necesarios para conectar con los adolescentes cada día  durante la cuarentenaNo olvidar la relevancia de mantener una conducta positiva y asertiva, es decir, serena, evitar luchas de poner, siendo amable pero firme con los limites, empatizar y escuchar sin juzgar.


Séptimo

Ser conscientes de que esta situación es dura para todos, por ello, si trabajamos en equipo la convivencia será mejor.

  William Torres Psicólogo Clínico y de Familia

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Información tomada de:

https://www.telam.com.ar/notas/202005/466119-opinion-adolescentes-cuarentena.html

https://puntoedu.pucp.edu.pe/noticias/adolescencia-en-cuarentena/

https://www.infobae.com/sociedad/2020/06/18/los-efectos-de-la-cuarentena-en-los-jovenes-ansiedad-depresion-y-estres/

https://www.nataliamartinpsicologia.com/adolescentes-y-cuarentena/

https://www.latercera.com/paula/noticia/adolescentes-en-cuarentena-y-como-les-afecta-perder-su-vida-social/WNTFAQTHYVDQLLUNTCX3MPJITA/

 

miércoles, julio 08, 2020

Los Cambios

Los Cambios: Tomar Decisiones

El que quiere llegar a algo busca caminos.

El que no quiere llegar, busca excusas.

 

Anhelar dar un giro a mi vida, renovarme en algún aspecto, superar una dificultad con la que tropiezo una y otra vez… todo esto conlleva un VERDADERO CAMBIO REAL, no un cambio fantaseado. Desear un cambio y no tomar decisiones para lograrlo, es un “estado pasivo” que nos bloquea y nos desgasta.

Tomar decisiones para cambiar suele ser algo deseado y temido a la vez: por un lado, necesito hacer algo distinto y salir de la insatisfacción, por otro prefiero la comodidad de lo conocido, y me inquieta la incertidumbre.

 William Torres Psicólogo

Clínico y de Familia

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¿Cómo enfrentarlo?

 

Reflexiona ¿Estoy dispuesto a cambiar?: El mayor freno para lograr un cambio es ni siquiera creerlo posible.  Con las típicas frases: “no depende de mí, depende de muchas cosas” “soy así, no puedo evitarlo” “más vale malo conocido” “tal y como está todo no se puede hacer nada” … se niega la capacidad de cambiar. Poner la causa de los problemas fuera (en los demás, la mala suerte, el pasado vivido, las circunstancias…) elude la responsabilidad.



La des idealización: no hay una decisión “correcta” ni perfecta. Nunca va a salir como imaginamos, por tanto, ponemos excusas para no cambiar porque en la mente se mantiene el ideal.

¡Ejemplos! “me gustaría irme a vivir al campo y cultivar mis tomates” “si tuviera un trabajo ideal sería feliz” “si tuviera pareja, o ganara más dinero, o fuera más delgada, o viviera en otro país” ….

Dejar la fantasía y pasar a la realidad: pasar a la ACCIÓN, hacer, decir, probar. Recoger información real para contrastarla y que no quede en suposiciones e hipótesis rumiando en nuestra cabeza.

* Ojo! Esto no significa comprometerme con lo que vaya viendo, puedo decidir no hacerlo. Esto impide que nos arrebatemos en decisiones impulsivas sin pensar, (como reacción a la sensación de estar atascados), vamos a movernos poco a poco…es un proceso.

La renuncia: el clásico “Todo no se puede”. Si nos cuesta cambiar es porque en el fondo nos cuesta dejar atrás algo que tenemos ahora. Por muy mala que nos parezca la situación, si nos mantenemos en ella es porque hay ventajas inconscientes. Elegir significa renunciar a algo para poder avanzar.

Romper hábitos: “Quien hace siempre lo mismo, difícilmente obtendrá un resultado diferente”. Si deseas cambiar, sentir algo distinto, resolver una situación, HAY QUE HACER O DECIR algo diferente, salir del camino acostumbrado, realizar algo nuevo, aunque sea pequeño, romper la inercia, … Un cambio pequeñito puede tener un efecto expansivo y generar cambios cada vez mayores. Se flexible, abre nuevas alternativas, échale creatividad y no te dejes arrastrar por lo de siempre.

Enredarse en el Bucle: muchas veces se busca un cambio, pero sin saber qué es lo que se desea cambiar. Esto ocurre porque centramos nuestra energía en la queja, en los obstáculos, en lugar de mirar más allá.

 

Es “un malestar confortable”: nos quejamos, hablando y hablando sobre lo que disgusta o alimentando las enormes dificultades que impiden cambiar. “Centrar la atención en las dificultades hace que crezcan” cuanto más explicamos las quejas, más confusión, más absorbidos en las propias circunstancias y más posponemos. ¡Así nos enfocamos más en el problema que en la solución! lo que supone un mecanismo para seguir igual…. “Un obstáculo es lo que se ve al desviar los ojos del objetivo”, por tanto, enfocar tu atención hacia un futuro deseado permite encaminarte al cambio.

Cuidado con las ensoñaciones:  al imaginar la meta a la que me gustaría llegar, si es realista, tendré una idea más clara del trayecto y las etapas que implica el cambio. Pero una distancia demasiado larga crea expectativas irrealistas que me bloquean, por tanto, es preciso plantearse pequeños objetivos a corto plazo, saborear pequeñas victorias y disfrutar el camino.


William Torres Psicólogo

Clínico y de Familia

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Miedos: Los cambios a menudo implican decisiones difíciles, despedirse de algo familiar, afrontar la incertidumbre de lo desconocido… Es lógico que desestabilicen y provoquen miedo o estrés. Temores del tipo “no seré capaz”, “es demasiado difícil” o “he malgastado mucho tiempo”. Este diálogo interno crea una sensación de incapacidad limitante. Pero…. el miedo sólo se pasa cuando nos atrevemos a hacer algo, nunca antes.

El Riesgo: El cambio conlleva riesgo. Cualquier elección supone una apuesta que puede llevar a ganar o a perder en algún aspecto. Pero a veces puede ser más peligroso quedarse quieto. “Y llegó el día en que el riesgo que corría por permanecer dentro del capullo era más doloroso que el que corría por florecer” Anaïs Nin.

En el fondo: tomar decisiones supone “crecer”, porque significa hacerse cargo de uno mismo, hacerse cargo de las decisiones, riesgos y consecuencias. Cuando éramos pequeños los adultos tomaban decisiones por nosotros, ahora nuestra cabeza cree que “si no tomamos decisiones” se crea una falsa sensación de que alguien nos cuida.

 

 

En definitiva…

…el cambio no sólo es posible, sino inevitable, las personas cambiamos constantemente. Muchas veces hay transformaciones personales a raíz de una situación crítica, (crisis significa cambio).

No decidir es dejarnos llevar por el tiempo, el cual acota las posibilidades y decide por nosotros, ¿eso es lo que quieres?

Además, el deseo de cambiar no realizado, la pasividad, la duda, los miedos, el estancamiento, la sensación de “no vivir, solo ver pasar las cosas” …… todo esto pasa factura creando una honda insatisfacción personal, y tan solo descubriremos un nuevo horizonte si estamos dispuestos a cambiar.

“Para crecer hay que renunciar temporalmente a la seguridad” G. Sheehy

 

Tomado de: http://psicologiaypsicoterapia.com/los-cambios-tomar-decisiones/



William Torres Psicólogo

Clínico y de Familia

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jueves, julio 02, 2020

EL DUELO EN SEPARACIONES



EL DUELO EN SEPARACIONES


William Torres Psicólogo Clínico y de Familia

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¿QUÉ ES EL DESPECHO?

Podría decirse que el despecho es la palabra corriente que usa la gente para designar la situación por la que pasamos los seres humanos después de terminar una relación amorosa por parte del otro. Se dice que el “despechado” es aquel que está triste por la ruptura con su amado.

El “despecho” es un término que catastrófiza lo que se vive ante una ruptura. En realidad, lo que vivimos los seres humanos ante las rupturas se llama DUELO. El duelo hace referencia al proceso que vive todo ser humano al tener una pérdida importante en su vida. La pérdida puede darse por muerte, por separación o ruptura, divorcio, amputación, pérdida del trabajo, entre otros.

Este proceso es vivido de manera similar en todos nosotros, y consiste en varias etapas que deben ser vividas para poder decir: “ya elaboré el duelo... estoy tranquilo(a)”. Las principales etapas son:

1. Fase de insensibilidad o Shock

Cuando hay una pérdida, incluso si la pérdida se esperaba, siempre hay una sensación de que no es verdad. La persona se desentiende de la pérdida por un breve período de tiempo (entre unas pocas horas hasta una semana) y puede estar interrumpida por episodios de tristeza o cólera. La persona repite frases como: “La rabia le va a pasar y va a volver”, “esto parece un sueño, quisiera despertar”, “no puedo ni quiero aceptarlo”. En esta fase, la persona puede seguir con su estilo de vida de una manera automática, con una leve sensación de ansiedad y temor.

2. Fase de anhelo y búsqueda de la figura perdida

Al cabo de unas horas o algunos días, la persona comienza a vivir la realidad de la pérdida, aunque sea sólo de manera episódica. En esta fase se anhela que la persona vuelva y se tiende a negar la permanencia de la pérdida. En lo que respecta a las separaciones y divorcios, la persona encamina su conducta a restablecer la relación, presentando como principales emociones el anhelo, la esperanza, la ansiedad y la incredulidad. Llegar a la aceptación de la realidad no es fácil y lleva tiempo, pues implica no sólo la aceptación intelectual sino también emocional. La persona puede ser intelectualmente consciente de la pérdida mucho antes de que las emociones le permitan aceptar plenamente la información como verdadera.


William Torres Psicólogo Clínico y de Familia

3. Fase de desorganización, desesperanza y desespero


Esta fase comienza cuando la negación de la ruptura comienza a decaer. La persona encuentra difícil funcionar en su medio sin el otro y comienza a sentir una gran desorganización.
En esta etapa las personas pueden presentar: Algún tipo de malestar somático o corporal, confusión, olvidos frecuentes, culpa relacionada con la pérdida o con las circunstancias de la separación, soñar con la persona, reacciones hostiles, incapacidad para funcionar como lo hacía antes de la pérdida, trastornos del sueño, trastornos alimentarios, aislamiento social, evitar recordatorios de la persona, llorar, entre otros.
En esta fase también se vive intensamente una gran variedad de emociones. Entre ellas están: la tristeza, rabia, culpa, ansiedad, impotencia y hasta alivio o tranquilidad.

4. Fase de conducta reorganizada

En esta fase la persona comienza a organizar su vida y a sentirse cómoda en el medio sin la otra persona. La tarea del duelo en esta etapa es la recolocación emocional de la pareja y seguir viviendo. Esto no se trata de renunciar al recuerdo de la pareja, se trata de encontrarle un lugar adecuado en su vida emocional, un lugar donde la persona pueda continuar viviendo de manera eficaz en el mundo.

Es importante repetir que las personas nunca pierden los recuerdos de una relación significativa. “Nunca podemos eliminar a aquellos que han estado cerca de nosotros, de nuestra propia historia” Se trata solamente de encontrarle un lugar adecuado en la vida emocional, un lugar importante pero que deja un espacio para los demás.

Algunas personas entorpecen esta cuarta etapa manteniendo el apego del pasado en vez de continuar formando otros nuevos. Algunas personas encuentran la pérdida tan dolorosa que hacen un pacto consigo misma para no volver a querer nunca más.
El amar a otras personas y el continuar viviendo no significa querer menos a quienes amamos de verdad.

Bueno, ya sabemos entonces qué es el duelo, es decir, el proceso que vivimos ante el despecho. Ahora, debemos hacer énfasis en la importancia de vivirlo.

Muchas veces, ante el miedo que tenemos a las emociones displácetelas como la tristeza, la rabia y otras, buscamos cualquier objeto o persona que nos “alivie” el dolor (Anestesias falsas) ingerimos bebidas alcohólicas u otras drogas, nos tomamos algún tranquilizante o nos buscamos otra persona con quien compartir afectivamente... dicen que “un clavo saca otro clavo” y eso no es cierto. El duelo, aunque no nos guste, debemos vivirlo. Es algo así como una herida en el cuerpo, que, si no se sana, o se sana a medias, va a presentar problemas muy seguramente en el futuro. Debemos permitir que el duelo fluya para poder decir: “ya estoy listo(a) para iniciar una nueva relación”, “ya salí de esa relación”.

¿CÓMO SUPERARLO?

- Aceptando las emociones propias del duelo.


Ya sabemos que necesariamente van a estar presentes unas emociones como la tristeza y la rabia. Ambas son emociones naturales, que nacieron con nosotros y que se agotan ellas solas.
Todos los seres humanos vivimos ante las pérdidas, y mientras más nos opongamos a ellas más intensamente van a aparecer... por eso: Dejémoslas fluir y aceptémoslas como a un jarabe que no nos agrada mucho su sabor pero conocemos sus beneficios.

- Ante la emoción de rabia, vívala, siéntala, pero no haga al otro recipiente de ella, no tiene derecho, así su comportamiento la(o) haya afectado a usted. No es necesario. Si está muy cargado(a) de ira golpee un colchón o un cojín y grite, insulte, siempre y cuando esté a solas. Si va en el carro, cierre la ventanilla y grite con toda la fuerza que tenga.

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia


- Acérquese a las personas en plan de amistad. No se aísle, aunque ese sea su principal deseo. Busque a las personas, no espere que lo(a) busquen. Recobre o cree su círculo social y manténgase ocupado(a) en actividades que requieran esfuerzo físico, como el deporte.

- Recupere las actividades que antes le agradaban y había dejado por su relación. El fin es reconstruirse a usted mismo.

- Para facilitar el proceso de duelo, se recomienda romper el contacto con la ex - pareja, al menos por un tiempo. No permitir que los demás vengan con “chismes” y no buscarlo(a) Esto con el fin de evitar la interpretación que usted puede hacer de los comportamientos del otro, a favor o en contra suya. Por ejemplo: “Al estar conmigo sonrió felizmente” ... su interpretación podría ser: “sí me quiere, va a volver”. Si estando con usted, hizo mala cara, la interpretación podría ser: “no me quiere, no va a volver” ... y obviamente su interpretación puede estar muy alejada de la realidad. Por esta razón se impide el contacto con la vida del otro, para evitar interpretar o leer pensamientos que realmente no conocemos.

- Observe las oportunidades y aspectos positivos que tiene este momento. Toda situación tiene su lado positivo y debemos encontrárselo. Incluso, encontrará alivio y descanso al no estar conviviendo con lo que no le gustaba de su ex - pareja.

- Aléjese del alcohol y otras drogas, tranquilizantes u otras relaciones afectivas. Recuerde que el duelo debe vivirse y que si no permitimos que fluya la herida no va a sanar y nos traerá problemas más adelante.

- Recuerde que el duelo requiere un tiempo, el cual depende de la situación individual, del tipo de relación, de las circunstancias que rodearon la ruptura y de los rasgos de personalidad de quién lo vive. No pretenda no vivir o acelerar un proceso propio de los seres humanos ante las pérdidas.

Libros recomendados:

· “Amar si se puede” de Roberto Shinyashki.
· “Un amor que sirva o un adiós que libere” de Maria Cecilia Betancur.
· “Las mujeres que aman demasiado” de Robin Norwood.
. “Manual para desenamorarse” de Chiquinquirá Blandon.




William Torres Psicólogo Clínico y de Familia





CÓMO LOGRAR AUTORIDAD POSITIVA CON LOS HIJOS



CÓMO LOGRAR AUTORIDAD POSITIVA CON LOS HIJOS



William Torres Psicólogo Clínico y de Familia

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Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestro hijo. Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

En una de las primeras charlas que di a un grupo de padres de un jardín, una madre levantó la mano y me preguntó:


- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?
- Dígale que baje, - le dije yo.
- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.
- ¿Cuántos años tiene el niño?- le pregunté.
- Tres años - afirmó ella.



Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con un grupo de padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa, aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.


¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?


Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.


¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?


Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DÍAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.


Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia 


La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.


Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. Él no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, píenselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión, aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro.
En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.



El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.



Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también.
Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".

William Torres Psicólogo Clínico y de Familia 



Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho, todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.
Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...



No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.


No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.


No escuchar. J. Dobson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo, aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.


Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya! Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondientes errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.


Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.


William Torres Psicólogo Clínico y de Familia 



Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:


Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.


Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.


Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.


Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.



Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.


Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.


Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cuál ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.


Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones, aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.



Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaces e incluso negativas. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.


Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.


El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con caucheras. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.


William Torres Psicólogo Clínico y de Familia