jueves, octubre 19, 2017

Por qué tener parejas imperfectas nos hace felices en el amor

Por qué tener parejas imperfectas nos hace felices en el amor
Mantener unas expectativas sanas en el amor ayuda a encontrar el amor en la humanidad del otro.

Día a día somos bombardeados con la idea de que, para ser felices, debemos encontrar una relación de pareja perfecta en todos los sentidos. Son mensajes que en parte funcionan: ya desde la adolescencia es normal fantasear nada menos que con príncipes y princesas, lo que para la mente infantil es la cúspide del éxito social y económico.

Sin embargo, a la hora de la verdad es perfectamente normal ser feliz con personas que no son precisamente el novio o la novia modélicos. Notamos que hay algo en el otro que en teoría nos gustaría cambiar, pero también tenemos la certeza de que a la práctica, si alterásemos eso, el resultado no tendría por qué ser positivo. De hecho, incluso, puede que una de las cosas que nos hace felices en el amor es tener una pareja imperfecta. ¿Por qué ocurre esto?

Razones por las que las parejas imperfectas nos hacen felices

Estos son algunos de los aspectos que explican por qué en el amor la felicidad puede llegar a través de las imperfecciones de nuestra pareja.

1. El amor romántico y los amantes perfectos

Prestemos atención a nuestro alrededor. A través de películas, series, novelas e incluso anuncios de televisión se mezcla el mensaje principal que se quiere transmitir con una especie de propaganda de lo romántico.

La pareja ideal debe ser detallista pero independiente, inteligente y responsable pero que nos haga vivir locuras, atractiva a ojos de todo el mundo, pero con un encanto que solo nosotros encontramos especial. Se trata de una concepción del amor basada en el marketing: el amante tiene que cumplir con ciertas “features”, como un producto, sin que estas sean descritas con precisión en ningún momento, tal y como hace la publicidad hoy en día.

La idea del amor idealizado es juntar un montón de rasgos y características personales e imaginar a la supuesta persona perfecta resultante de esta mezcla. Sin embargo, la vida real no funciona así, y evidentemente las personas perfectas tampoco existen, pero eso no significa exactamente que a la hora de encontrar pareja nos conformemos con poco.

De manera intuitiva, aprendemos a ignorar esas normas que nos dictan cómo debe ser la pareja ideal y, muchas veces, traicionamos por completo esas ideas preconcebidas acerca de qué es lo que nos atrae en una persona.

Aunque no nos demos cuenta, este es seguramente el aspecto más rebelde del amor, lo que rompe nuestros esquemas y, por consiguiente, hace que la experiencia resulte estimulante, porque la historia que tendremos con esa persona no tendrá nada que ver con esas ensoñaciones con el amor perfecto que ya hemos repasado mil veces mentalmente.

2. Un amor centrado en la relación, no en la persona

El amor romántico se basa en la idea de que hay una persona indicada para nosotros, alguien que es la encarnación de todo lo que buscamos en un ser humano. En algunas versiones especialmente delirantes de esta concepción del amor, esa persona está predestinada a conocernos, ya que tanto ella como nosotros estamos incompletos hasta el momento en el que se inicia la relación; se trata del mito de la media naranja.

Es decir, que en el amor romántico todo lo que explica el romance se atribuye a cada una de las personas, su esencia; algo que existe más allá del tiempo y el espacio, encapsulado en el interior de cada individuo.

Sin embargo, el amor que existe en la vida real, fuera de los cuentos de los príncipes y princesas, no se basa en las esencias, sino en lo que ocurre realmente en el día a día. Es totalmente irrelevante que una persona sea muy inteligente si ni siquiera escucha lo que tenemos que decirle, y es igual que sea atractiva si utiliza esa cualidad para traicionarnos seduciendo.

Si todos afrontásemos las relaciones tal y como el amor romántico dicta, nuestra obsesión con las imperfecciones de las potenciales parejas nos haría perder de vista que el hecho de que los vínculos emocionales que de verdad valen la pena se dan a través de las interacciones del día a día: somos lo que hacemos, al fin y al cabo.

3. La vulnerabilidad atrae

Si nuestra pareja ya es perfecta, ¿qué papel cumplimos nosotros en esa relación? Normalmente damos por supuesto que la perfección implica total autosuficiencia, y esto, aplicado al amor, es negativo.

Por supuesto, las relaciones sanas son aquellas en las que no hay relaciones de poder asimétricas ni vínculos basados en la dependencia del otro, pero lo contrario a eso es una persona que simplemente no tiene ninguna motivación para estar con nosotros. Y al fin y al cabo, desear estar con nosotros no es una cualidad personal en el mismo sentido en el que lo es saber hablar en varios idiomas o estar en forma, pero en el amor actuamos como si lo fuese.

Según el filósofo griego Platón, las personas nos caracterizamos por experimentar la belleza y el atractivo a partir del modo en el que experimentamos la perfección, la pureza. Pero esta perfección no la encontramos en el mundo físico, ya que en él todo es cambiante e imperfecto: las personas nunca son exactamente igual que el ideal de belleza, y en ningún momento dejan de envejecer, de acercarse a su muerte.

Esto se plasma en lo que conocemos como amor platónico, un estado sentimental en el que conviven la intuición de que en un mundo ideal la perfección existe y la certeza de que nunca llegaremos a tener acceso a ella… al menos en este mundo, según el pensador griego.


Pero el amor platónico solo tiene sentido si antes damos por buenas algunas de las ideas que propuso este filósofo, y una de ellas es que la realidad no es la materia, sino la teoría, las ideas puras. Muy pocas personas niegan hoy en día que la realidad está compuesta por materia y no por ideas, así que la búsqueda de la perfección pura no funciona si la intentamos aplicar en el día a día. Es por eso que, mientras que unas expectativas poco realistas sobre el amor nos frustran, aceptar de antemano que nuestra pareja es imperfecta permite que disfrutemos realmente de su presencia, en vez de dedicarnos a perseguir quimeras.

miércoles, octubre 18, 2017

¿Qué hay detrás del hábito de posponer constantemente?

¿Qué hay detrás del hábito de posponer constantemente?
La procrastinación, o tendencia a dejarlo todo para mañana, puede causar muchos problemas.

¿Por qué las personas tenemos ésta marcada tendencia a dejar las cosas para mañana? Para entenderlo debemos tratar a comprender cómo es el fenómeno de la procrastinación, esa tendencia que a veces manifestamos en nuestro día a día que puede ser resumida en "dejarlo todo para mañana".
La procrastinación
Procrastinación: ¿qué es? La definición en sí misma es sencilla, consiste en aplazar aquello que debemos hacer: poner la lavadora, estudiar para el examen de lengua, la declaración de la renta… Pero el mero acto de demorar algo no es procrastinar, el concepto de procrastinación conlleva en su propia definición una demora absurda, no es posponer por que tenga sentido en cierto contexto, es hacerlo irracionalmente, saboteando nuestros intereses.
La persona que vive obsesionada por concluir cualquier tarea a la primera oportunidad puede ser tan disfuncional como aquel que lo deja todo para el último momento, ni el uno ni el otro planifican su tiempo con inteligencia. Vencer la procrastinación implica hacer un uso inteligente del propio tiempo, orientado a la consecución de los propios objetivos. Es en la elección de qué harás ahora y qué dejarás para después donde radica la procrastinación, no en la dilación en sí.
Pero si sabemos que procrastinar nos aleja de nuestros objetivos ¿por qué lo hacemos?

Sus causas

Al parecer hay factores tanto genéticos como ambientales que explican la procrastinación.
Por un lado, este es un fenómeno común en todas las culturas y momentos de la historia. Se trata de una tendencia que afecta ligeramente más a los hombres (54%) que a las mujeres (46%), se observa más entre la gente joven y disminuye con la edad.
Según los datos que ofrece la ciencia la mayor parte la explica la genética; no obstante, el ambiente también contribuye poderosamente a que aplacemos compulsivamentenuestros quehaceres. Tanto es así que la vida moderna ha convertido la procrastinación en una epidemia que tiene consecuencias a nivel personal, organizacional e incluso se hace notar en la economía de un país.
Según datos de una encuesta el 95% de las personas admite que procrastina y uno de cada cuatro admiten hacerlo constantemente. Y es que la procrastinación es un hábito y como tal tiende a perdurar. Uno podría pensar que es a causa del perfeccionismo, no terminar nunca las cosas por la obsesión de que queden perfectas, pero lo cierto es que los datos indican lo contrario.
Durante mucho tiempo se creía que la postergación y el perfeccionismo iban de la mano, este error se explica porque los perfeccionistas que postergan son los que tienden a pedir ayuda en terapia (y de ahí se obtenían los datos), pero existen muchas otras personas que son perfeccionistas y que no van a terapia y que no incurren en el hábito de la dilación. En concreto, un papel mucho más fundamental es el de la impulsividad: vivir impacientemente en el ahora y querer todo ahora mismo.

El papel de la impulsividad

El autocontrol y la demora de la recompensa tienen mucho que ver con la impulsividad y esta nos hace muy difícil la tarea de pasar un mal momento en aras de una recompensa futura. Las personas muy impulsivas tienden a ser desorganizadas, se distraen con facilidad, tienen dificultad en controlar sus impulsos, les cuesta ser persistentes, así como trabajar metódicamente. Esta dificultad en la planificación y esta fácil distractibilidad las hace víctimas perfectas de la procrastinación.
Las personas impulsivas tratan de zafarse de una tarea que les provoca ansiedad, se distraen, la apartan de su conciencia. Las excusas y autoengaños son habituales. Esto parece muy lógico, claro está, pues generalmente las personas intentamos evitar el sufrimiento. No obstante, esto solo tiene lógica si miramos las cosas en el corto plazo, pues a largo plazo esto conlleva un sufrimiento aún mayor. Evitar pasar por el desagradable chequeo rutinario del médico nos puede conllevar detectar un cáncer de próstata cuando ya es demasiado tarde.
A veces la presión de todo lo que debemos hacer resulta tan angustiosa que nos entregamos a tareas que nos distraigan para así no pensar en eso que tanto nos trae de cabeza. Sucede a menudo que estamos haciendo algo que en el fondo sabemos que no deberíamos estar haciendo porque hay algo más importante y prioritario que atender. Eso conlleva que no estemos haciendo lo que debemos que tampoco disfrutemos de ese tiempo de relax, pues nuestra conciencia constantemente nos recuerda nuestras obligaciones.
No obstante, la impulsividad no lo explica todo, la procrastinación se debe a múltiples causas.

La tríada de la procrastinación

Las expectativas, el valor y el tiempo constituyen los pilares que sostienen este tipo de autosabotaje.
Expectativa
La expectativa se refiere a nuestra confianza en la consecución de nuestros objetivos y si bien la procrastinación a veces está vinculada al exceso de confianza es mucho más habitual lo contrario. Es decir, si aquello que perseguimos nos parece que no lo podemos asumir, simplemente nos rendimos. La impotencia, el verse incapaz, nos lleva a dejar de esforzarnos.
Esto nos lleva a un estado de decaimiento y frustración conocido como indefensión aprendida, en el cual nos rendimos a las circunstancias por creernos incapaces de cambiar nada y dejamos de luchar. Este fenómeno está muy vinculado a la depresión.
Al final esto se convierte en una profecía autocumplida: creer que no seremos capaces nos hace desistir. Al dejar de intentarlo efectivamente nos hacemos capaces y eso confirma nuestras creencias con respecto a nosotros mismos. Es un círculo vicioso.
Valor
El valor tiene que ver con lo atractivo que nos resulta aquello que estamos aplazando. Normalmente nuestra lista de la procrastinación está repleta de tareas aburridas como fregar los platos, aprenderse aquellos interminables artículos de la constitución o hacer las compras de Navidad. Como es de suponer, el valor de cada cosa depende de las apetencias de cada uno y algunas personas tienden a procastinar más unas tareas que otras.
Como es más fácil aplazar algo que no nos gusta, que no nos motiva, cuanto menos valor tiene para uno mismo una tarea menos probable es que nos pongamos a hacerla. La carencia de valor placentero hace que otras actividades más agradables nos distraigan y así fácilmente nos distraemos y nos evadimos en cosas más estimulantes, aplazando todo lo posible las tareas que nos parecen soporíferas.

El factor tiempo

El tiempo nos lleva a la procrastinación porque elegimos la gratificación inmediata, porque nos resulta más tentador una recompensa que se materializa inmediatamente, aunque sea pequeña, que luchar por un objetivo a largo plazo, aunque nos proporcione mayor beneficio.
La impulsividad, de la que hemos hablado antes, es lo que está tras todo esto, y algunos otros rasgos vinculados al temperamento impulsivo son la poca meticulosidad, el bajo autocontrol y la propensión a la distracción.
Actuar sin pensar, no ser capaz de tener los sentimientos bajo control… nos lleva a procrastinar. El factor tiempo nos hace ver las metas y recompensas de mañana de forma abstracta, tanto es así que les resta realidad. En cambio, todo lo que tiene que ver con hoy es más concreto y eso hace que nos parezca más real.

En conclusión

La procrastinación es un hábito muy enraizado que puede provocar grandes dosis de sufrimiento, nos lleva a la distracción y nos aleja de nuestros objetivos. Está muy vinculado a la impulsividad y a la gestión del tiempo, se ve influido por el valor de la recompensa que perseguimos y por las creencias que tenemos con respecto a nuestras propias capacidades.
Nota del autor: este artículo debería haberse publicado el mes pasado, pero lo he estado procastinando. En el próximo artículo hablaré de algunas pistas útiles para vencer este autosabotaje.

Referencias bibilográficas:


·         Steel, P. (2010). The Procrastination Equation: How to Stop Putting Things Off and Start Getting Stuff Done. Canada: Random House Canada.

viernes, octubre 13, 2017

Sesgo de confirmación: cuando solo vemos lo que queremos ver

Sesgo de confirmación: cuando solo vemos lo que queremos ver



Algunas personas identifican el corazón con la emoción y el cerebro con lo racional. Es un error. Tal y como indican muchísimos estudios, la irracionalidad está perfectamente integrada en el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, en el cual se incluye el cerebro humano.
Uno de los aspectos de nuestra conducta en los que más se deja notar ese componente irracional son los sesgos cognitivos, es decir, deformaciones en la manera de razonar que acostumbran a ser inconscientes e involuntarias. Uno de los más frecuentes es el sesgo de confirmación, muy frecuentes tanto en nuestra vida diaria como en lo profesional. Veamos en qué consiste.
¿Qué es el sesgo de confirmación?
Dicho de un modo resumido, el sesgo de confirmación es una propensión a dar más importancia y credibilidad a los datos que encajan con nuestras creencias que a aquellos que las contradicen, aunque en un principio ambas informaciones sean igual de fundamentadas.
Este sesgo no solo es negativo porque contribuya a que nuestras ideas no cambien. Además, bajo su efecto corremos el riesgo de creer que ideas totalmente discutibles y opinables son casi verdades reveladas, conocimiento puramente objetivo que sería poco sensato poner bajo sospecha. Es decir, que el sesgo de confirmación es el peor enemigo de la filosofía, dado que refuerza constantemente las ideas que de manera automática hemos decidido creer a toda costa.
El papel de la disonancia cognitiva
La disonancia cognitiva es un concepto muy conocido en el ámbito de la psicología, y consiste en el sentimiento de malestar que experimentamos cuando una idea entra en conflicto con una de nuestras creencias. 
A veces aprendemos a gestionar este malestar de un modo constructivo modificando nuestras explicaciones acerca de la realidad, y otras no lo conseguimos y nos limitamos a manipular esas ideas de cualquier manera para que prime la importancia de lo que ya veníamos creyendo desde antes. El sesgo de confirmación es uno de esos elementos que nos lleva a descartar ideas provocadoras por el simple hecho de serlo.
Para entender mejor lo que es un sesgo de confirmación y el modo en el que la disonancia cognitiva puede ser mal gestionada, veamos algunos ejemplos basados en un caso ficticio.
Ejemplos de sesgo de confirmación
Imaginemos que, después de visitar algunas páginas web pertenecientes a partidos de extrema derecha, a una persona le empieza a rondar por la cabeza la idea de que la población negra originaria de varios países africanos es menos inteligente que los europeos y los asiáticos.
Según este punto de vista, la pobreza y el poco desarrollo tecnológico vivido en estas regiones se debería a una menor habilidad cognitiva en el promedio de los habitantes de esta región. Esta es una idea seductora, porque nos ofrece una explicación simplesobre un fenómeno que antes creíamos más complejo, y gracias a esto, y aunque no se dé cuenta, esa persona empieza a atribuir la pobreza y las desgracias sufrida en estas zonas a la baja inteligencia de estas gentes.
Sin embargo, como sus ideas encajan mal con el modo de pensar de muchos de sus vecinos, las creencias de esta persona pronto se ven confrontadas. Algunos dicen que dar por supuesto la inferioridad intelectual de la población negra resulta muy gratuito, especialmente teniendo en cuenta que aún se sabe muy poco acerca de lo que hace que algunas personas sean más o menos inteligentes. Ante esto, la persona cae en la cuenta de que quien le replica de este modo es conocido por ser activista de izquierdas, y asume por tanto que su visión de la realidad ha sido distorsionada por la propaganda progresista. Esto hace que no tenga en cuenta lo que le dice.
Otra persona señala que, incluso aunque prácticamente ya no exista esclavitud en los países occidentales, la pobreza de las generaciones pasadas de negros aún afecta a la educación de las nuevas generaciones, y por eso el desarrollo de muchos niños y niñas se ve complicado por la escolarización de mala calidad, la mala alimentación y demás factores que se ha demostrado que contribuyen a que el CI disminuya. Pero esta explicación, a los ojos del otro, es demasiado enrevesada, y por ello la rechaza: la explicación más simple tiene que ser que esa tendencia a la baja inteligencia está en la propia biología de las personas.
Finalmente, un vecino objeta que incluso en personas negras de clase media, el estigma que pesa sobre las personas negras en general a causa del racismo tiene el poder de hacer que sus expectativas de vida sean mucho más modestas, por lo cual no le den tanta importancia a la educación desde pequeños y que, por consiguiente, lleguen con más inseguridad y menor experiencia a las pruebas de inteligencia, baterías de ejercicios que recuerdan mucho a todo lo que se hace en el contexto académico. Pero esta explicación sigue sin ser tan simple y “hermética” como la idea de que las personas negras son menos inteligentes, así que también es tomada como una deformación de la realidad para hacer que esta encaje en la propia ideología.
En el futuro, esta persona se fijará en todas las representaciones de personas negras que aparecen por la televisión y demás medios de comunicación, y cada vez que vea un caso de asesinato por parte de un ciudadano afroamericano, por ejemplo, lo atribuirá a la incapacidad de este para ganarse la vida de forma civilizada. Por otro lado, cuando vea a una persona negra que ha tenido éxito en la vida y dispone de una formación y educación excelentes, lo atribuirá a la influencia que “la cultura blanca” ha tenido sobre él.

Ignorando lo que nos contradice, aceptando lo que nos reafirma

Tal y como hemos visto en el ejemplo, el sesgo de confirmación puede tener consecuencias dramáticas en el modo en el que interpretamos la realidad. Por ejemplo, hace que la simplicidad de una creencia sea vista como una cualidad positiva de esta, independientemente en los peligros que entrañan los simplismos: nos puede llevar al pensamiento circular, porque una creencia tan simple lo explica todo y a la vez no explica nada.
Por otro lado, otra característica del sesgo de confirmación es que hace que todas las experiencias que pueden ser usadas para reforzar una creencia capten de inmediato nuestra atención, mientras que las que nos contradicen sean ignoradas o, como máximo, nos lleven a pasar de puntillas sobre ellas, buscando cualquier explicación que permita hacer ver que nuestras ideas no tienen por qué verse amenazadas.
En el ejemplo, las hipótesis basadas en la influencia social y la educación son descartadas sistemáticamente a favor de una explicación basada en la biología, pero ocurre lo contrario al ver a una persona negra y mucho más formada que la media de ciudadanos: en este caso, la explicación sí está en lo social.

Tomado de : https://psicologiaymente.net/inteligencia/sesgo-confirmacion

miércoles, octubre 11, 2017

Personalidad obsesiva: 8 hábitos que conducen a la obsesión

Personalidad obsesiva: 8 hábitos que conducen a la obsesión


A lo largo de la vida hay numerosas situaciones que son capaces de atrapar nuestra mente en un bucle que parece eterno.
Pensamientos recurrentes, ansiedad injustificada por fenómenos que constantemente atraen la atención... Son características de la personalidad obsesiva, que, aunque por sí misma no es patológica, estadísticamente está asociada al Trastorno Obsesivo-Compulsivo y a ciertos problemas de ansiedad.
¿Qué es la obsesión?
Psicológicamente, el concepto de obsesión hace referencia a la presencia de una idea, creencia o imagen mental que interfiere recurrentemente en el estado de concienciade la persona y hace que su pensamiento vaya "sobre raíles". Es decir, que las obsesiones limitan la espontaneidad con la que se actúa, ya que van de la mano de un bucle de pensamiento que se retroalimenta de sus propios efectos.
La rumiación, que es justamente este círculo vicioso de los procesos mentales, es un fenómeno que va de la mano de la obsesión. Además, las consecuencias de esto suelen ser un incremento del estrés puntual y de la ansiedad, así como las creencias premonitorias acerca de la futura nueva aparición de esos pensamientos obsesivos.

Los 10 hábitos de la personalidad obsesiva
Pero... ¿cuáles son las señales que delatan la existencia de una personalidad obsesiva? Para ello hay que fijarse en los hábitos que surgen en el día a día. Los principales son los siguientes.
1. Se planea constantemente
Las personas obsesivas tienden a dedicar mucho más tiempo a hacer cálculos o estimaciones sobre lo que puede pasar en el futuro para, así, mantener viva la idea de que lo tienen todo controlado.
2. Hábitos escapistas
La personalidad obsesiva necesita apoyarse en momentos de escapismo para no tener que soportar constantemente la ansiedad de tener que estar siempre al mando de lo que ocurre. Escapadas de fin de semana, partidas largas de videojuegos o simplemente períodos de aislamiento suelen ser estadísticamente más comunes de lo normal en estas personas.
3. Uso del pensamiento dicotómico
La personalidad obsesiva se fundamenta en un estilo de pensamiento que es muy categórico y que distingue de manera radical lo que está bien de lo que está mal. Es por eso que se pone mucha preocupación en hacer las cosas bien, ya que en caso de fallar no hay matices que permitan amortiguar lo desagradable de esa experiencia.
4. Énfasis constante en la responsabilidad
Estas personas tienen siempre en mente la idea de que, si no se actúa de manera proactiva, las cosas tienden a salir mal, y lo raro es que salgan bien sin siquiera intentarlo. Es por eso que siempre ponen mucha presión sobre las acciones humanas, ya sean de los demás o, en muchos casos, solo en las propias.

5. Evitación de la opción de delegar

La personalidad obsesiva es controladora y, por consiguiente, suele ir de la mano de un hábito característico: no se delega, y hay una clara preferencia por hacer las cosas importantes uno mismo. Dejar cosas en manos de los demás implicaría correr un riesgo que para algunos resulta demasiado alto, y por eso se prefiere tener un control consciente sobre lo que va ocurriendo, aunque esa opción sea más cansada.

6. Búsqueda de la aceptación

Aquellos que tengan personalidad obsesiva tienden a buscar la aceptación de los demás en un grado algo superior que el resto de la población. A diferencia de lo que ocurre con los narcisistas, esto no tiene que ver con la necesidad de mantener una autoimagen muy idealizada e hinchada, sino con la necesidad de creer en las propias capacidades para no sentirse débil ante los problemas del día a día.
Tener una mala imagen pública supone tener delante un espejo en el que nuestras capacidades son cuestionadas, y esto hace que las preocupaciones sobre lo que nos puede suceder puedan asaltarnos con mayor facilidad.

7. Defensa del valor de la justicia y el orden

Esta clase de personas prefiere el orden a lo imprevisible y espontáneo, ya que la segunda opción genera más incertidumbre, preocupaciones y, en consecuencia, pensamientos obsesivos que nos desgastan psicológicamente. Esto se plasma también en su manera de exteriorizar sus ideales, aunque eso no significa que deban ser conservadoras; simplemente defienden la idea de basar las relaciones en pactos bien establecidos y cuya violación conlleve consecuencias compensatorias.

8. Tics y conductas estereotipadas


Algunas personas con esta clase de personalidad muestran acciones estereotipadas en su día a día, sin que lleguen a ser tan graves o invasivas como para que se consideren un síntoma del TOC. Son una manera de dar estructura a lo que se va experimentando, haciendo que cada momento se experimente como algo conectado con los demás y haya una sensación de que todo lo que se vive está integrado en una unidad. Eso sí, la mayoría de estas acciones son involuntarias y casi automáticas.

https://psicologiaymente.net/clinica/personalidad-obsesiva

martes, octubre 10, 2017

ESTILO AMOR NARCISISTA / EGOCÉNTRICO

ESTILO AMOR NARCISISTA / EGOCÉNTRICO

El Amor Egoísta
Tomado de Amores Altamente Peligrosos

“Un egoísta es aquel que se empeña en hablarte de sí mismo, cuando tú te estás muriendo de ganas de hablarle de ti” Jean Cocteau

¿Cómo amar saludablemente a quien vive enamorado de sí mismo? No queda espacio para uno. Querer a una persona egocéntrica siempre llevará implícito un tercero en discordia incrustado en el ser amado: la soberbia. La paradoja es como sigue: cuanto más ames a un narcisista, más estarás alimentando su sentimiento de grandiosidad y más se alejará de ti. Un señor casado con una mujer narcisista me decía, entre resignado e irónico: “Usted me pregunta si ella me es fiel, pues no sé qué decirle… En el sentido tradicional del término, sí… Pero si lo  vemos desde otro punto de vista, ella me engaña con ella misma… Cuánto más afecto le doy, más difícil se hace la relación, más importante se siente…”.

La Odisea de Amar a una Persona Narcisista

En el estilo narcisista, el gen egoísta llega a su máxima expresión y se manifiesta sin tapujos y descomedidamente. Es el lado antipático de la autoestima, su cara oscura, la desproporción del yo. El engreído destruye la condición humana por exceso (“Eres menos que yo, no estás a mi altura”) y el que no se quiere a sí mismo lo hace por defecto (“No valgo la pena, me avergüenzo de lo que soy”).

La inaceptable propuesta del narcisista gira alrededor de tres actitudes irracionales: “Mis necesidades son más importantes que las tuyas” (menosprecio afectivo), “Qué se suerte tienes de que yo sea tu pareja!” (grandiosidad/superioridad) y “Si me criticas, no me amas” (hipersensibilidad a la crítica).  

“Mis necesidades son más importantes que las tuyas”. El narcisista no puede abarcar al prójimo porque vive enfrascado en sus propias necesidades y sentimientos. No es posible un amor pleno sin la presencia sentida del otro. En el sentido narcisista, este “desconocimiento amoroso” adopta dos formas típicas: el egoísmo y la manipulación.

Egoísmo. El narcisista suele ser abusivo y arbitrario en el manejo de los bienes comunes de la pareja, sean físicos, psicológicos o emocionales. Hagamos una diferencia conceptual importante. Egoísmo no es lo mismo que egocentrismo. El primero tiene que ver con la incapacidad de amar a otros a causa de la codicia. El segundo está relacionado con la incapacidad de descentrarse y ponerse en el punto de vista ajeno, lo que hace que la gente termine siendo esclava de su propio punto de vista.  Dos incapacidades distintas pero relacionadas: ambas se alimentan mutuamente y destruyen cualquier intento de amar a otro. Estar centralizado en uno mismo, de la manera que sea, implica ruptura, aislamiento, mutismo e incomprensión. 

Manipulación. Una premisa guía la conducta de los sujetos narcisistas es que el fin justifica los medios, siendo ellos mismos el fin, y el medio, los demás. El prójimo al servicio del beneficio propio. Estos individuos se regodean en planear y poner en práctica las estrategias utilitaristas con certeza meridiana. Las estrategias de manipulación pueden ser emocionales o materiales, sutiles o desvergonzadas, circunstanciales o permanentes. No obstante lo que esconde detrás de estas maniobras psicológicas es una creencia altamente destructiva para las relaciones afectivas: “Como soy superior a los demás, quieran o no, la gente está para servirme”. Uno de los mayores problemas de las personas narcisistas: no saber perder y, por eso, son tan peligrosas.

“Qué suerte tienes de que yo sea tu pareja”. Esta aseveración no siempre se hace explicita en una relación, aunque si estamos con una pareja narcisista, la actitud de superioridad y grandiosidad se siente todo el tiempo. Puede manifestarse en una mirada de reproche por no comportarse a la “altura” de las circunstancias, en expresiones de fastidio al no recibir un trato especial o al competir solapadamente para llamar la atención; la superioridad asume infinidad de rostros, como aquellas criaturas mitológicas que les quitan el sueño a los niños.

Pero no todo lo que brilla es oro. En la mayoría de los casos, este sentimiento de grandiosidad es una forma de compensar viejos esquemas de inferioridad. Lo que ocurre es que de tanto esconderse en una arrogancia defensiva, terminan mimetizándose con ella y creyéndose especiales. Si quieres mantener a un narcisista feliz y contento, te basta con aplicar dos estrategias proego: contribuir con su “buena imagen” y admirar su grandiosidad incondicionalmente.

La buena imagen. La clave de cualquier amor egocéntrico es saber manejar el marketing personal que le ofrece su acompañante de turno. Llámese clase social, fama o aspecto físico, el punto positivo que aporta la pareja debe acrecentar la imagen del “gran hombre” o la “gran mujer”.  La imagen que proyecta el individuo narcisista es una de sus cartas de presentación. 

Admiración incondicional. ¿Quieres poner a tambalear el ego de un sujeto narcisista? Simplemente ignóralo. La admiración es la materia prima con la cual el ego construye su santuario. La mayoría de los narcisistas prefieren ser reverenciados que amados, por eso les impacta más un aplauso que una caricia. ¿Quieres conquistar a una persona narcisista? Hazle culto a su personalidad y la tendrás comiendo de la mano.

“Si me criticas, no me amas”. Las personas narcisistas interpretan un desacuerdo o una crítica amistosa como un ultraje y una falta de respeto a su fuero especial. Recordemos que estamos ante una baja autoestima amurallada y la honestidad tiene la virtud de penetrar cualquier defensa. Por tal razón, los narcisistas odian a la gente asertiva, simplemente porque dicen honestamente lo que piensan y no se dejan manipular. Esto hecho explica por qué sus parejas tienden a ser personas sumisas que evitan contrariarlas en cualquier sentido.

¿Por qué nos enganchamos en una relación narcisista?
El Poder del Ego


Existen, al menos, tres esquemas negativos que incrementan la probabilidad de establecer relaciones con personas narcisistas. “Necesito una relación que me dé estatus”, “Necesito alguien con quien identificarme” y “Necesito dar amor desesperadamente”.

Indeseabilidad personal: “Necesito una relación que me dé estatus”. Este esquema responde a una historia de pocos logros afectivos. Más concretamente, a personas que no se han sentido deseadas por el sexo opuesto y han creado una necesidad dirigida a compensar el tiempo perdido.

Indeterminación del “yo”: “Necesito a alguien con quién identificarme”. Algunos individuos necesitan identificarse con personas famosas o celebridades (reales o inventadas) para sentirse realizados y darles un mayor sentido a sus vidas. Si no tenemos una definición clara de qué queremos y para dónde vamos, trataremos de encontrar afuera lo que no podemos hallar en nuestro interior, y compensar el vacío personal con la excelencia ajena.

Entrega ilimitada: “Necesito dar amor desesperadamente”.
 Cuando alguien con un esquema de entrega ilimitada encuentra a un narcisista, se produce una simbiosis tan extraordinaria como mortal. El sujeto narcisista es un receptor nato u un pésimo dador de amor que se ve a sí mismo como el destinatario natural de cualquier expresión amorosa. En su mente no existe el valor de la reciprocidad. Insisto. El sueño de todo “dador compulsivo” es encontrar un “receptor insaciable” y esa fantasía sólo se logra cuando encuentras un narcisista consecuente y de buena cepa. Y es allí, en esa complicidad tácita y marcada por la patología, donde la entrega se hace destructiva.

Estrategias de Supervivencia Afectiva

1. Reconocer la “supremacía” del narcisista y rendirle honores. Para seguir esta estrategia, hay que hacer tripas corazón y guardarse el orgullo en el bolsillo. Los comportamientos más representativos de esta actitud son:

• Adoptar una posición subordinada para que la grandiosidad de la pareja no se vea alterada.
• Mostrar una admiración constante (elogios, halagos, adulaciones y refuerzos).
• Aceptar las pocas manifestaciones de amor, si es que las hay, porque “esa es su manera de ser” y hay que respetarla.
• Mantener un perfil bajo para no competir con la pareja.
• Lo ideal es concentrarse y disfrutar de los logros del narcisista y olvidarse de uno mismo.
• Dejarse manipular a veces para evitar discusiones.

2. Poner al narcisista en su sitio y bajarlo del pedestal. Esta posición intenta equilibrar la relación y volverla más democrática, lo cual implica una crisis asegurada, ya que el sujeto narcisista no aceptará bajo ninguna circunstancia perder o compartir el poder. La consecuencia de esta alternativa puede llevar a la ruptura, ya que la confrontación se dirige a los puntos más vulnerables del sujeto, al corazón de su ego: “No eres tan especial como crees”. Estos son algunos de los comportamientos que definen esta actitud:

• Retirar la admiración y los halagos que sólo busquen alimentar el ego del otro. No más pleitesía obsecuente, así el otro la requiera.
• No colaborar con su buena imagen por obligación. Vestirse, arreglarse y comportarse como lo creamos conveniente. Si esto es útil o no para alimentar la grandiosidad de la pareja, es secundario.
• Tratar de ser realista: habrá muy pocas o ninguna conducta altruista de parte de la persona narcisista, así que es mejor no hacer reclamos de ningún tipo y menos aún suplicar.
• La mejor manera de desbaratar un estilo manipulador es conocer la intención de la persona que intenta el control: “Qué busca él o ella con esto?”. Cada vez que descubrimos y hacemos manifiesto cuál es el verdadero propósito del narcisista, el comportamiento manipulador pierde poder.

Cómo reconocer el estilo narcisista antes de enamorarse

Algunas de las siguientes pautas permiten reconocer a una persona narcisista antes de ser atrapado o atrapada por “su encanto”:

• Parece que escucha cuando le hablas, pero su mente está secuestrada por el ego. Puedes verificar si ha captado la información después de un rato: vuelve a comentar lo mismo y es muy probable que no se acuerde si ya se lo habías dicho antes. Y no es falta de memoria, sino de atención.
• La mayoría de las conversaciones tienden a canalizarse hacia su propia persona: su historia, su familia, sus logros, su trabajo, o lo que sea. No pienses que se trata de una comunicación abierta o que le inspiras confianza; es puro egocentrismo amañado.
• Cuando lo contradigas o muestres tu desacuerdo frente a algunas de sus opiniones, no podrá disimular su desconcierto e incomodidad. Pondrá su mejor cara amable, pero en su interior se sentirá indignado o indignada. Algo podrás detectar.
• Nunca dirá “no sé”. Ponle  el tema que quieras y tendrás a una persona erudita al frente.
• La táctica preferida será endulzarte el “yo” y los oídos. Te dirá exactamente lo que te gustaría que te dijeran, porque son muy sagaces a la hora de descubrir los puntos débiles del otro.
• A veces se les escapa el trato inadecuado, brusco o descortés hacia otras personas. La costumbre delata. En estos casos, el hábito sí hace al monje o a la monja. La persona clasista no puede dejar de serlo.

Cuando la persona narcisista/egocéntrica eres tú: algunas consideraciones

Debes reconocer que mercadear una imagen de grandiosidad es bastante agotador y muy poco redituable en términos sociables. La gente no es tan estúpida como para creerse en cuento del “Dios vivo”, así que terminarán odiándote. El futuro consecuente de un narcisista es el destierro y el aislamiento, precisamente a lo que temes.

Te preguntarás por qué eres así. Hay muchas posibilidades. Quizás tus padres fueron muy indulgentes contigo, te sobrevaloraron exageradamente o faltó disciplina y control de parte de ellos. También podría haber ocurrido que no te enseñaron a soportar la frustración y a regular tus emociones. Tu infancia pudo haber estado determinada por modelos que explotaban a las demás personas y aprendiste que la manipulación es la única forma de sobrevivir. Algunos narcisistas generan los estilos que vimos por compensación, debido a que su autoestima es muy pobre y, entonces, tratan de equilibrar la cuestión volviéndose demasiado arrogantes. Sólo un profesional podrá darte los elementos necesarios para salir adelante y esa es una responsabilidad que debes asumir si quieres tener una vida normal y no afectar a los tuyos.

sábado, octubre 07, 2017

Personas machistas: estas son las 8 creencias que las caracterizan

Personas machistas: estas son las 8 creencias que las caracterizan


Prácticamente todo el mundo tiene interiorizadas ciertas creencias machistas. Desde las feministas con más años de militancia hasta los médicos más amables, pasando por los filósofos con más experiencia académica a sus espaldas. Sin embargo, esto no es extraño: hay que tener en cuenta que durante la mayor parte de la historia, el ser humano ha vivido sin cuestionar el sexismo.
Sin embargo, cuando hablamos de personas machistas no nos referimos a toda la especie humana, sino de aquellos individuos que aún conservan esquemas de pensamiento en los que las creencias ancladas en el sexismo no solo son muy evidentes, sino que además raramente son cuestionadas.
A continuación veremos cuáles son las características definitorias de las personas machistas y de su pensamiento.

8 creencias típicas de las personas machistas

Está claro que del machismo se sale, y que el concepto de “persona machista” no tiene por qué referirse a la esencia inalterable de un hombre o mujer. Aunque cuesta, es perfectamente posible pasar de abrazar comportamientos totalmente machistas a reforzar un tipo de relaciones mucho más igualitarias.
Sin embargo, para conseguir esto es necesario, en primer lugar, saber detectar cuáles son los signos de machismo que se dejan ver en el día a día y en cuya base están las creencias ligadas al sexismo. A continuación encontrarás un listado con las principales.

1. Una mujer no es completa si no es madre

La maternidad es entendida como el punto culminante en el que la feminidad se expresa. Es por eso que las mujeres que deciden ser madres son vistas o con incredulidad o con malos ojos por parte de las personas machistas.
Es a causa de esta creencia que en algunas familias extremadamente conservadoras las mujeres jóvenes sufren grandes presiones para tener hijos cuanto antes, ante el peligro de pasar su etapa vital fértil sin descendencia.

2. La mujer está hecha para quedarse en casa

Esta es una de las creencias más arraigadas en la mentalidad de las personas machistas. Normalmente no es expresada de manera literal, sino que es la idea que subyace a otra clase de afirmaciones.
Por ejemplo, es común asumir que cualquier mujer, por el hecho de serlo, preferirá abandonar su carrera profesional cuando tenga hijos, o que sabe cocinar bien, o que sabe cómo decorar cualquier hogar.

3. Las mujeres no tienen dotes de liderazgo

Muchas personas tienen tan interiorizada la idea de que la mujer es sumisa que ven con incredulidad el liderazgo femenino, la posibilidad de que no sea un hombre quien esté al frente de un equipo de trabajo, especialmente si este pertenece al ámbito profesional con alto valor añadido. Paradójicamente, esta creencia hace que la capacidad para liderar de las mujeres se vea dañada.

4. Justificación del acoso callejero

Bajo la creencia de que a las mujeres les gusta recibir piropos o sentirse deseadas, las personas machistas dan por bueno que algunas personas realicen aproximaciones que no solo no son deseadas ni han sido solicitadas, sino que muchas veces son claros casos de acoso callejero.

5. Defensa de los roles tradicionales por el hecho de que son tradición

El simple hecho de que los roles de género hayan existido durante siglos no es motivo para oponerse a su cuestionamiento cuando este surge. Sin embargo, las personas machistas tienen una visión esencialista de lo que significa ser hombre o mujer, y poner en tela de juicio estos conceptos genera en ellas rabia y frustración.

6. Justificaciones de la violencia de género

La culpabilización de la víctima en los casos de violencia de género es la expresión definitiva de machismo, ya que revela que ni siquiera en los casos en los que está claro que una mujer sufre por el simple hecho de serlo, el atacante tiene razón y ella no.

Comentarios como “sabía a lo que se exponía” o “no haberse vestido así”, muy comunes en los casos de abuso sexual, son ejemplos paradigmáticos de cómo se intenta darle la vuelta a la situación para poner el el punto de mira a quien ha sido atacada.

7. Lo femenino pertenece a la familia

Otra de las actitudes típicas de las personas machistas vincula a estas últimas a la familia, como si fuesen una extensión del núcleo familiar. La idea de que existan mujeres independientes y con su propia capacidad de generar los ingresos que necesitan para subsistir causa rechazo.

Esta característica es, una vez más, consecuencia de que durante milenios se haya confinado a la mujer a lo doméstico, el lugar en el que la familia vive y se reproduce. Por eso se ve con naturalidad que algunos padres quieran decidir el futuro de sus hijas decidiendo por ellas.

8. Desaprobación de la sexualidad femenina

Desde la perspectiva de las personas machistas, el único modo en el que una mujer puede vincularse a lo sexual es en calidad de objeto, no de sujeto. Se premia que las mujeres acepten su rol como objeto sexual para consumo de otros, pero se ve mal que vivan su propia sexualidad como sujetos, es decir, personas que realizan una acción en vez de recibirla por parte de otros.

La fuente del sexismo es el patriarcado

Hay que tener claro que el machismo no es ni un posicionamiento político ni nada parecido a un trastorno mental. ¿Por qué? Porque por un lado, si hablamos de machismo en personas individuales, os referimos a hábitos y creencias que van mucho más allá de la ideología política que puedan tener, y por el otro, es un fenómeno demasiado amplio y complejo como para reducirlo a problemas mentales de pacientes.

Las personas machistas no lo son de manera espontánea, ni porque hayan decidido unas metas políticas que desde una perspectiva racional les convencen más que el resto. Lo son porque han heredado una cultura y un contexto político, social y económico que refuerza el sexismo y la supremacía del género masculino sobre el femenino. Este contexto que refuerza la discriminación sexista se llama patriarcado.

El patriarcado es un conjunto de condiciones materiales, relacionales y psicológicas que hacen que laas mujeres sean víctimas de discriminación a causa del sexo al que pertenecen. 
Es la raíz de la existencia de las personas machistas, y el motivo por el que los avances en favor de los derechos de la mujer cuesten tanto.

En definitiva, creer que alguien se convierte en machista así como así es como suponer que el lugar en el que uno nace no tiene nada que ver con las posibilidades de seguir una religión u otra: es necesario tener en cuenta el contexto en el que se vive.