martes, septiembre 26, 2017

Los cambios: tomar decisiones


Los cambios: tomar decisiones


El que quiere llegar a algo busca caminos. El que no quiere llegar, busca excusas.
Anhelar dar un giro a mi vida, renovarme en algún aspecto, superar una dificultad con la que tropiezo una y otra vez… todo esto conlleva un VERDADERO CAMBIO REAL, no un cambio fantaseado.Desear un cambio y no tomar decisiones para lograrlo, es un “estado pasivo” que nos bloquea y nos desgasta.
Tomar decisiones para cambiar suele ser algo deseado y temido a la vez: por un lado necesito hacer algo distinto y salir de la insatisfacción, por otro prefiero la comodidad de lo conocido, y me inquieta la incertidumbre.

¿Cómo enfrentarlo?

Reflexiona ¿Estoy dispuesto a cambiar? El mayor freno para lograr un cambio es ni siquiera creerlo posible.  Con las típicas frases: “no depende de mí, depende de muchas cosas” “soy así, no puedo evitarlo” “más vale malo conocido” “tal y como está todo no se puede hacer nada”… se niega la capacidad de cambiar. Poner la causa de los problemas fuera (en los demás, la mala suerte, el pasado vivido, las circunstancias…) elude la responsabilidad.
La desidealización: no hay una decisión “correcta” ni perfecta. Nunca va a salir como imaginamos, por tanto ponemos excusas para no cambiar porque en la mente se mantiene el ideal.
Ejemplos! “me gustaría irme a vivir al campo y cultivar mis tomates” “si tuviera un trabajo ideal sería feliz” “si tuviera pareja, o ganara más dinero, o fuera más delgada, o viviera en otro país”….
Dejar la fantasía y pasar a la realidad: pasar a la ACCIÓN, hacer, decir, probar. Recoger información real para contrastarla y que no quede en suposiciones e hipótesis rumiando en nuestra cabeza.
* Ojo! Esto no significa comprometerme con lo que vaya viendo, puedo decidir no hacerlo. Esto impide que nos arrebatemos en decisiones impulsivas sin pensar, (como reacción a la sensación de estar atascados), vamos a movernos poco a poco…..es un proceso.
La renuncia: el clásico “Todo no se puede”. Si nos cuesta cambiar es porque en el fondo nos cuesta dejar atrás algo que tenemos ahora. Por muy mala que nos parezca la situación, si nos mantenemos en ella es porque hay ventajas inconscientes. Elegir significa renunciar a algo para poder avanzar.
Romper hábitos: “Quien hace siempre lo mismo, difícilmente obtendrá un resultado diferente”.Si deseas cambiar, sentir algo distinto, resolver una situación, HAY QUE HACER O DECIR algo diferente, salir del camino acostumbrado, realizar algo nuevo, aunque sea pequeño, romper la inercia,… Un cambio pequeñito puede tener un efecto expansivo y generar cambios cada vez mayores. Se flexible, abre nuevas alternativas, échale creatividad y no te dejes arrastrar por lo de siempre.
Enredarse en el Bucle: muchas veces se busca un cambio, pero sin saber qué es lo que se desea cambiar. Esto ocurre porque centramos nuestra energía en la queja, en los obstáculos, en lugar de mirar más allá.

Es “un malestar confortable”: nos quejamos, hablando y hablando sobre lo que disgusta o alimentando las enormes dificultades que impiden cambiar. “Centrar la atención en las dificultades hace que crezcan” cuanto más explicamos las quejas, más confusión, más absorbidos en las propias circunstancias y más posponemos. ¡Así nos enfocamos más en el problema que en la solución! lo que supone un mecanismo para seguir igual…. “Un obstáculo es lo que se ve al desviar los ojos del objetivo”, por tanto, enfocar tu atención hacia un futuro deseado permite encaminarte al cambio.
Cuidado con las ensoñaciones:  al imaginar la meta a la que me gustaría llegar, si es realista, tendré una idea más clara del trayecto y las etapas que implica el cambio. Pero una distancia demasiado larga crean expectativas irrealistas que me bloquean, por tanto es preciso plantearse pequeños objetivos a corto plazo, saborear pequeñas victorias y disfrutar el camino.
Miedos: Los cambios a menudo implican decisiones difíciles, despedirse de algo familiar, afrontar la incertidumbre de lo desconocido… Es lógico que desestabilicen y provoquen miedo o estrés. Temores del tipo “no seré capaz”, “es demasiado difícil” o “he malgastado mucho tiempo”. Este diálogo interno crea una sensación de incapacidad limitante. Pero…. el miedo sólo se pasa cuando nos atrevemos a hacer algo, nunca antes.
El Riesgo: El cambio conlleva riesgo. Cualquier elección supone una apuesta que puede llevar a ganar o a perder en algún aspecto. Pero a veces puede ser más peligroso quedarse quieto. “Y llegó el día en que el riesgo que corría por permanecer dentro del capullo era más doloroso que el que corría por florecer” Anaïs Nin.
En el fondo: tomar decisiones supone “crecer”, porque significa hacerse cargo de uno mismo, hacerse cargo de las decisiones, riesgos y consecuencias. Cuando éramos pequeños los adultos tomaban decisiones por nosotros, ahora nuestra cabeza cree que “si no tomamos decisiones” se crea una falsa sensación de que alguien nos cuida.

En definitiva…

….el cambio no sólo es posible, sino inevitable, las personas cambiamos constantemente. Muchas veces hay transformaciones personales a raíz de una situación crítica, (crisis significa cambio).
No decidir es dejarnos llevar por el tiempo, el cual acota las posibilidades y decide por nosotros, ¿eso es lo que quieres?
Además el deseo de cambiar no realizado, la pasividad, la duda, los miedos, el estancamiento, la sensación de “no vivir, solo ver pasar las cosas”…… todo esto pasa factura creando una honda insatisfacción personal,  y tan solo descubriremos un nuevo horizonte si estamos dispuestos a cambiar.
“Para crecer hay que renunciar temporalmente a la seguridad” G. Sheehy

Tomado de :http://psicologiaypsicoterapia.com/los-cambios-tomar-decisiones/

lunes, septiembre 25, 2017

La ironía y el sarcasmo


La ironía y el sarcasmo 


El uso continuado de la ironía, lejos de ser un rasgo de elegante ingenio, puede llegar a ser en realidad un arma de doble filo con la que minar nuestra autoestima. Bien es cierto que en ocasiones, este recurso puede parecernos muy original, y que quienes lo utilizan, pueden a veces darnos una falsa imagen de sutil atractivo y sentido del humor.

En el mundo del cine, las series de televisión e incluso en la literatura, nos encontramos a menudo con este tipo de personajes tan hábiles en el uso de la ironía y el sarcasmo. Ahora bien ¿Qué hay en realidad detrás de sus personalidades? Individualismo, algo de prepotencia y un peculiar talento para despreciar a quienes están a su alrededor.

El creador de la “ironía mala” suele lanzarnos comentarios que buscan en realidad, ponernos en evidencia de algo. Y para ello, no dudan en usar el sarcasmo para atacarnos del modo más sutil y particular posible, pero aún así, sigue siendo una ofensa. ¿Has recibido en alguna ocasión este tipo de frases malintencionadas? Hablemos hoy sobre ello y aprendamos también a defendernos.

Los límites de la ironía

A menudo suele decirse que para fomentar la felicidad cotidiana, nunca está de más practicar el sentido del humor e incluso el burlarnos de nosotros mismos. Es quizá un modo de relativizar las cosas y de ser también, algo más humildes.

Nunca viene mal destensar un poco una situación con una frase irónica. Es un rasgo ingenioso y nos ayuda a sonreír. Esto es lo que llamamos sin duda “ironía positiva”, ésa que no hace daño y que no busca atacar a nadie. No obstante, no podemos pasar por alto esa otra que pretende, “conscientemente”,  hacer daño a quien se tiene en frente.

Pensemos en esas relaciones tóxicas de pareja donde uno de los miembros ejerce el control sobre la otra persona. El uso continuado de la ironía o el sarcasmo es un modo de dominar a la vez que de humillar, de subestimar nuestra valía, de desmotivarnos y de quitarnos día a día la energía.

El psicólogo argentino Bernardo Stamateas, nos explica que el recurso de la ironía y el sarcasmo es muy habitual en los perfiles de las personas tóxicas. Ya sean nuestras parejas, compañeros de trabajo e incluso nuestros familiares, la finalidad siempre es la misma: minar lentamente nuestra motivación y el valor que tenemos de nosotros mismos. “Si tú disminuyes, si tú te ves cada vez más pequeño y frágil, ellos adquirirán poder y tendrán más control sobre tu persona”

Los artesanos de esta ironía malintecionada, tienen muchas máscaras, y aunque es posible que bajo ellas se esconda una baja autoestima o una falta de seguridad en sí mismos, debes ir con cuidado para saber poner límites. Para lograr que no te destruyan por dentro.

Cómo defendernos de la ironía negativa

Si en tu entorno personal o laboral, existe una persona habituada a utilizar el recurso de la ironía desde su vertiente más negativa, debes saber que hay que ponerle unos límites determinados lo antes posible. De no hacerlo, de permitir que se nos vulnere y ataque, es posible que día a día “su arte” vaya a más y que le permitamos tener más poder.

Un recurso puntual puede convertirse en hábito, y el hábito en dominación cuando perciben que tienen éxito y que consiguen humillarnos. No lo permitas, no dejes que te hieran con el ese tipo de ironías en ninguna ocasión.

Te explicamos de modo sencillo como defenderte.

1. Recibimos un comentario irónico. ¿Qué es lo primero que debemos hacer? Piensa y analiza lo que te han dicho, no te precipites a decir lo primero que te venga a la cabeza. Hay personas muy hábiles con el recurso del sarcasmo, así que es posible que no haya ningún ataque sobre tu persona. Guarda silencio y mantén la tranquilidad mientras analizas las palabras que te han dirigido.

2. ¿Te han atacado? ¿Han vulnerado tu autoestima? Lo último que debes hacer es devolverle otra ironía, porque de hacerlo, entramos en su mismo juego. Un juego cobarde donde no se dicen las palabras directas y con sinceridad. Tú eres una persona íntegra y no necesitas jugar con los términos ni con las personas para decir lo que piensas.

3. Ahora di en voz alta lo que ha querido decir esta persona en cuestión, sin utilizar ironías: ¿Me estás llamando cobarde? ¿Me estás diciendo que yo no soy capaz de hacer esto? ¿Piensas que soy menos válido/a que tú? Expón la ofensa en toda su crudeza para que la otra persona reaccione y la argumente, hazlo de forma tranquila y con aplomo, esperando que quien tengas delante, pueda argumentarse.

La ironía, lejos de un escenario teatral, siempre suele ser dañina. Nunca permitas que ironicen sobre tu persona o sobre tus capacidades.



Tomado de: https://lamenteesmaravillosa.com/artesanos-de-la-ironia-y-el-sarcasmo-personalidades-toxicas/

CÓMO DETECTAR Y FRENAR A UN MANIPULADOR

CÓMO DETECTAR Y FRENAR A UN MANIPULADOR

Son personas que a menudo se disfrazan de corderos pero que en realidad son lobos dispuestos a atacar donde más te duele con tal de lograr sus objetivos. No dudan en pedirte que antepongas sus necesidades a las tuyas y ni siquiera se sienten agradecidos cuando lo haces. Los manipuladores juegan con tus emociones, generan un profundo sentimiento de culpa y una falta de confianza en tus capacidades, de manera que terminas siendo una pieza más dentro de su juego. 

La manipulación psicológica implica ejercer una influencia a través de la distorsión mental y la explotación emocional, con la clara intención de tomar el poder o el control y obtener algunos beneficios o privilegios a expensas de la víctima. El manipulador es consciente de sus actos, actúa deliberadamente creando un desequilibrio de poder que le permite inclinar la balanza a su favor y explotar a la otra persona.

Cuando esta situación se repite a lo largo del tiempo, corres el riesgo de llevar una vida que no es la que deseas pues, sin darte cuenta, te has puesto a sus órdenes y has supeditado tus necesidades y deseos a los suyos. 

¿Cómo actúa un manipulador?

En muchas ocasiones la persona manipuladora es alguien cercano, alguien que incluso estimamos, por lo que no siempre es fácil desvelar sus verdaderas intenciones. No obstante, lo cierto es que la mayoría de los manipuladores tienen un modus operandi  similar, un patrón de comportamiento que se repite continuamente:

1. Son verdaderos especialistas en detectar tus debilidades. Todos tenemos puntos débiles, defectos o aspectos de los cuales no nos sentimos particularmente orgullosos o seguros, los manipuladores tienen una especie de sexto sentido para descubrir esas debilidades y usarlas a su favor.

2. Urden un plan para alcanzar sus intereses. Las personas manipuladoras no suelen tener muchos escrúpulos morales, una vez que detectan tu punto débil, lo usarán para manipularte. En su mente se activa un mecanismo maquiavélico para urdir el plan que te hará renunciar a tus necesidades y valores, anteponiendo los suyos. De esta forma, y prácticamente sin darte cuenta, caes en sus redes.

3. Para sentirse satisfechos, necesitan cada vez más. La manipulación es poder, y este puede llegar a ser tan adictivo como cualquier droga. Por eso, una vez que el manipulador ha apresado a su víctima, la utiliza para lograr sus fines cada vez que puede, a menos que la persona ponga fin a esa explotación. Un manipulador no suele dejar libre a sus presas, sino que intenta exprimirlas al máximo pidiendo sacrificios cada vez mayores.

Los tipos de manipuladores

- La víctima. Se trata de un tipo de chantaje emocional muy común pero también muy difícil de detectar porque la persona asume el papel de víctima y te endilga el rol del verdugo. Para estas personas, los demás siempre tienen la culpa, ellos son pobres víctimas humilladas y maltratadas. Con este discurso, despiertan tu sentimiento de culpa y te manipulan.

- El dependiente. Este manipulador se coloca una máscara de persona débil e impotente, que depende de los demás. Sin embargo, detrás de esa apariencia de cordero realmente se esconde un lobo que manipula abiertamente los sentimientos enviando un mensaje muy claro: “no me debes defraudar”. 

- El agresivo. Se trata de personas con mal carácter que pueden explotar en cualquier momento. Su estrategia de manipulación es muy sencilla: se encargan de demostrarte que son los más fuertes, de tal forma que tu personalidad se diluye pues sabes que cualquier paso en falso puede dar lugar a una pelea.

- El interpretador. Se trata de una persona que, a primera vista, parece estar de tu parte, pero utilizará continuamente tus palabras contra ti. Son expertos en manipular la información y ponerla a su favor, en encontrar intenciones ocultas en los mensajes y actos, así generan un sentimiento de culpa por algo que nunca has dicho o hecho.

- El sarcástico. Estos manipuladores no ponen sus cartas sobre la mesa sino que prefieren jugar a buen resguardo. Por eso sus técnicas son los comentarios sarcásticos, las críticas veladas y las humillaciones. De esta forma demuestran su superioridad, te denigran y logran manipularte a su antojo.

- El proyector. Estas personas creen que son perfectas y que los demás están llenos de defectos. Por tanto, cada vez que pueden, te hacen notar que te has equivocado o que no has cumplido con sus parámetros, generando así una gran inseguridad y falta de confianza que juega a su favor ya que ellos se erigen como buenos mentores o jueces supremos.

¿Cómo detener a un manipulador?

1. Conoce tus derechos fundamentales

El primer paso para hacerle frente a un manipulador es ser consciente de que tus derechos están siendo violados. Los debes defender, pero sin hacerle daño a los demás. Concientiza que:

- Tienes derecho a ser tratado con respeto.

- Tienes derecho de expresar tus sentimientos, opiniones y deseos.

- Tienes derecho a establecer tus propias prioridades.

- Tienes derecho a decir "no" sin sentirte culpable.

- Tienes derecho a protegerte ante una amenaza física, mental o emocional.

- Tienes derecho a crear una vida propia.

2. Mantén la distancia

Las personas manipuladoras a menudo se mueven entre los extremos. Es decir, tienen dos caras, pueden ser muy amables con algunos y extremadamente groseros con otros, pueden parecer indefensos y al instante siguiente, comportarse de manera agresiva. Si conoces a una persona así, lo mejor es mantener la distancia porque es probable que se trate de un manipulador. 

En el caso de que ya hayas caído en sus redes, intenta minimizar el contacto. No se trata de huir pero no hay necesidad de exponerse innecesariamente a sus ataques.

3. Evita culparte

Una de las estrategias del manipulador consiste en despertar un sentimiento de culpa en su víctima. Sin embargo, si están vulnerando tus derechos, debes ser consciente de que la víctima eres tú y que no tienes por qué sentirte culpable. Si no llevas esta situación al plano emocional, el manipulador habrá perdido la batalla. Pregúntate:

¿Estoy siendo tratado con respeto?

¿Las expectativas y demandas de esa persona son razonables?

¿Se trata de una relación en la que solo uno da y el otro no entrega nada a cambio?

¿Me siento bien conmigo mismo en esa relación?

Tus respuestas te darán pistas importantes porque te permitirán evaluar si el "problema" en la relación eres tú o la otra persona.

4. Devuelve las preguntas

A veces, para desenmascarar a un manipulador es suficiente con hacerle unas cuantas preguntas, estas le indicarán que no eres una persona fácil de manipular y que conoces sus intenciones, aunque intente ocultarlas. Por ejemplo:

¿Te parece una petición razonable o justa?

Según tú, ¿qué tendría que responder?

¿Me lo estás pidiendo o solo me lo estás comentando?

Estas preguntas hacen que el manipulador se mire al espejo y pueda ver la verdadera naturaleza de su estratagema. Si esa persona tiene cierto grado de conciencia, probablemente retirará la demanda y dará marcha atrás.

5. Usa el tiempo a tu favor

Los manipuladores a menudo realizan demandas irracionales y presionan para obtener una respuesta inmediata porque saben que si reflexionas sobre ello, es probable que te niegues a cumplir sus deseos. Por eso, puedes usar el tiempo a tu favor, cuando te hagan una propuesta respóndeles: "Voy a pensar en ello".

Luego, tómate el tiempo que necesites para evaluar los pros y los contras, con serenidad y sin sentirte presionado.

6. Di “no” con firmeza

Los manipuladores son expertos leyendo el lenguaje no verbal así que si les das un “no” tibio o inseguro, lo notarán y volverán a la carga. Por tanto, cuando no puedas cumplir sus demandas, dilo claramente y sin titubear. No des demasiadas excusas porque te hará parecer indeciso y puede indicar que sientes culpa por la negativa. Simplemente di: “lo he pensado pero no lo voy a hacer”.


Original de:

www.rinconpsicologia.com/2015


sábado, septiembre 23, 2017

Adicción a las redes sociales: el abuso de lo virtual

Adicción a las redes sociales: el abuso de lo virtual


En Psicología y la salud mental en general, el concepto de adicción está muy centrado en la dependencia química a sustancias; de hecho, en los principales manuales diagnósticos el único caso de adicción a algo que no sea una droga que se menciona es el de la ludopatía, aquella en la que no se puede dejar de jugar a los juegos de azar.

Sin embargo, fuera del ámbito de lo clínico hay otras concepciones acerca de lo que se entiende por “adicción”, y estas suelen cambiar más rápidamente que las categorías más o menos rígidas a las que se llega a través del consenso científico. Esto se nota especialmente en el ámbito de las nuevas tecnologías, en el que ya se empieza a hablar acerca de un fenómeno relativamente nuevo: la adicción a las redes sociales. Y es que la generalización del uso de Internet tiene sus ventajas, pero también sus riesgos.

¿Qué es la adicción a las redes sociales?

Tal y como su nombre indica, la adicción a las redes sociales es una relación de dependencia que alguien desarrolla hacia estas plataformas virtuales de interacción con otros, aunque en realidad hay algo más que esto. Las personas que se obsesionan con las redes sociales no piensan todo el rato en el placer que el uso de la red social les hace sentir, sino en lo que se consigue a través de esa plataforma.

Eso significa que el uso de estos servicios no genera un “pico de placer”, sino que lo que se gana es más bien el hecho de evitar desaparecer del mapa social. Normalmente no se busca una recompensa, sino que se trata de prevenir el perderse eventos, no enterarse de ciertas noticias, etc. Es algo que recuerda al fenómeno del síndrome FOMO (fear of missing out), con el que esta clase de adicción está relacionada.

Por otro lado hay que tener en cuenta que la adicción a las redes sociales no es simplemente la creación de una dependencia al uso de los ordenadores. De hecho, si algo caracteriza ahora a las redes sociales es que están por todas partes: tablets, smartphones, PCs y otros ordenadores convencionales… incluso en redes virtuales a las que se accede a través de videoconsolas.

La aparición de este problema en Internet

Uno de los aspectos más negativos de la adicción a las redes sociales es que hay muchas personas que pueden caer en ella. El motivo es que estas herramientas no tienen la mala fama de, por ejemplo, las drogas ilegales, y que el hecho de que los demás las usen crean más motivos para unirse al fenómeno. Incluso por motivos profesionales, en muchos sectores es recomendable abrirse un perfil en Facebook, Twitter, Instagram, etc.

En segundo lugar, como las redes sociales han ido mucho más allá del ordenador, nos pueden seguir a todos lados desde la tablet o los smartphones, desde los que pueden invadir periódicamente nuestras vidas a través de vibraciones y sonidos. En Psicología, esto puede ser entendido como un proceso de aprendizaje que lleva a un solo resultado: pensar todo el rato en términos de redes sociales, ya que estas nos recuerdan constantemente que están ahí.

En el caso de los adolescentes, su tendencia la impulsividad y su necesidad de tener una influencia social amplia y expansiva puede hacer que caigan rápidamente en esta clase de tendencias. Facebook, por ejemplo, ofrece el valor añadido de reunir todos los tipos de interacciones sociales en un solo lugar: publicación de fotografías y selfies, compartir enlaces y contenidos multimedia como las canciones o los vídeos de humor con los que uno se siente identificado, publicación de la existencia o no de una relación sentimental, etc.

¿Qué tipo de persona cae en esta obsesión?

Si hace unos años el estereotipo de persona obsesionada con las nuevas tecnologías era un varón adolescente o joven adulto con un reducido número de amigos que no se podía desprender del ordenador, actualmente los adictos a las redes sociales presentan un perfil mucho más heterogéneo al que se han añadido en masa las mujeres jóvenes y las adolescentes con habilidades sociales relativamente buenas.

Las redes sociales son entendidas actualmente no ya como una limitación de las relaciones, sino que han pasado a ser el “escaparate” público por el que hay que pasar de manera casi obligatoria para ser alguien relevante en una comunidad de amigos y conocidos, sea grande o pequeña, o para llegar a cosechar fama por lugares que nunca se visitará.


De este modo, un perfil en Facebook es mucho más que un medio para mantener el contacto con conocidos: es el ecosistema en el que todo lo relevante en términos sociales ocurrirá. No en vano, por ejemplo, se ha llegado a crear un concepto para referirse a que un noviazgo no empieza de verdad hasta que no aparezca en un estado de Facebook: se habla de relaciones “Facebook official”.

Tomado de : https://psicologiaymente.net/clinica/adiccion-redes-sociales

7 consejos para dejar de ser una persona egoísta

7 consejos para dejar de ser una persona egoísta


En mayor o menor medida todos somos egoístas en algunos aspectos. Sin embargo, hay personas que lo son en exceso y su comportamiento llama mucho la atención. Cuando los demás son egoístas solemos detectarlo rápido, pero cuando somos nosotros los que mostramos esta actitud, nos cuesta reconocerla y detectarla.

Pero, ¿vale la pena ser egoísta? Lo cierto es que el egoísmo puede estropear muchas relaciones interpersonales. Si piensas que estás siendo egoísta y quieres cambiar tu conducta, este artículo te va a interesar.

Todos sabemos qué significa ser egoísta y a nadie le gusta estar rodeado de uno de esos tipos que no tienen en cuenta nuestras necesidades. Cuando tenemos cerca a una de esas personas que miran solo por el beneficio propio y raramente mueven un dedo si no va a sacar algo a cambio, difícilmente vamos a establecer una amistad profunda ni vamos a darles nuestra confianza.

Las personas egoístas no gozan precisamente de una gran simpatía por parte de los demás. En resumen, las personas egoístas:


  • Son poco propensas a compartir. A no ser, claro está, que quieran sacar un beneficio a cambio.
  • Tratan de obtener recompensas de las situaciones cotidianas.
  • Se sienten muy ofendidas y rencorosas cuando no consiguen lo que quieren.
  • Se esfuerzan lo mínimo, y siempre por su propio bien.
  • No tienen interés en los demás, solo en ellos mismos.
  • Son insaciables y siempre quieren más.
  • No se detienen hasta conseguirlo.
  • Y es que esos individuos que son de “primero yo y después yo” crean relaciones tóxicas, ya sean de pareja, en el trabajo o de amistad. Los individuos egoístas no siempre son conscientes de que lo son o del daño que hacen, pero acaban manipulando su entorno para obtener lo que quieren.


Qué hacer si eres egoísta
El egoísmo es un comportamiento más o menos habitual de las personas, pero eso no quiere decir que no se puedan adoptar comportamientos para ser más conscientes de cómo nos comportamos con los demás, para mejorar así la calidad y la cantidad de nuestras relaciones. 

Si crees que te estás comportando como un egoísta y quieres cambiar tu forma de actuar, puedes seguir estos consejos.

1. Reflexiona y acéptalo
Para poder cambiar es necesario ser consciente de lo que no te gusta. Esto es clave para pasar a la acción y transformarte. Por tanto, para dejar de ser egoísta el primero paso es reflexionar sobre cómo tu comportamiento daña a los demás y a ti mismo.

Y es que el egoísmo rompe relaciones, causa sufrimiento y puede llegar a provocar un intenso sentimiento de malestar. Para evitarlo, debes examinar tus acciones egoístas y cómo éstas afectan a las personas que te rodean. Ahora bien, cuando se arrepiente de ser egoísta la culpa puede adueñarse de él. Entonces es es necesario aceptar este comportamiento y reconocer esta actitud no es beneficiosa para ninguna de las dos partes.

2. Cambia tu perspectiva
Una vez que reconoces que estás siendo egoísta es necesario cambiar de perspectiva, y esto puede requerir esfuerzo y voluntad. Cambiar de perspectiva significa asumir que no siempre vas a tener la razón y que las opiniones de los demás también cuentan. Una vez comprendas esto, ya puedes comenzar a ofrecerle algo a los demás y no solamente pensar en recibir todo el tiempo.

Recuerda que cuando damos a otras personas nos sentiremos mejor, porque ayudar a los demás también es beneficioso para el que presta ayuda y no sólo para el que la recibe. Esto es lo que concluye un estudio basado en imágenes cerebrales realizado por científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).


3. Deja de creer que eres el centro del mundo
La egolatría, el egocentrismo y el egoísmo son lo mismo para muchas personas, pero en realidad no es así. Por ejemplo, se puede ser egoísta sin ser ególatra. Ahora bien, estos conceptos muchas veces van de la mano. El egoísta quiere todo para sí mismo, es comportamiento y una actitud. Sin embargo, mientras la egolatría es que uno se quiere mucho a sí mismo. el egocentrismo es que la personas piensa que el centro del universo y que las opiniones de los demás están por debajo de las suyas.

Aunque no siempre aparecen juntos estos conceptos, en muchos casos las personas que piensan tanto en sí mismas no tienen en cuenta a los demás ni piensan en sus necesidades. El resultado es que son también egoístas. Dejar de lado esta forma de pensar puede ayudar a dejar de ser egoísta.

4. Debes ser empático
Por tanto, es importante ponerse en los zapatos de los demás y prestar atención a cómo se éstos se sienten. Una persona que pueda creer que la otra persona sufre, difícilmente le hará daño (a no ser que sea un psicópata).

Muchas veces actuamos de manera negativa hacia los demás porque pensamos que nos quieren hacer daño o porque somos víctimas de los prejuicios, y no nos paramos a pensar en el dolor que le podemos causar al otro. Ser empático es entender a los demás, y por tanto, sentirse abierto a sus sentimientos y emociones.

5. Escucha activamente
Para entender las emociones de los demás es indispensable que les escuches. Pero no es lo mismo escuchar que oír. Para escuchar hay que prestar atención no solo a lo que la otra persona verbaliza, sino también a lo que expresa mediante su lenguaje no verbal y su comportamiento.

Esto es lo que se conoce como escucha activa, que es una habilidad que puede ser adquirida y desarrollada con la práctica. 

6. No solo recibas, también debes dar
Cuando entiendes los sentimientos de los demás y sus necesidades, entonces puedes abrir tu corazón y ofrecerles algo. Los seres humanos necesitamos rodearnos de otras personas para sentirnos felices. Por tanto, anticípate a las necesidades de los demás y demuéstrales que te importan. Seguro que te lo agradecerán.

7. Haz el esfuerzo
No siempre es fácil actuar de manera compasiva y altruista, porque el egoísmo tiene mucho que ver con cómo nos han educado y la sociedad en la que vivimos, que fomenta este tipo de prácticas.

Los seres humanos queremos el placer inmediato, y esto, muchas veces, hace que no tengamos en cuenta a los demás y las consecuencias de nuestras conductas. Por eso es necesario poner de tu parte, porque la voluntad es clave a la hora de ser compasivo y amigable. Mejor que le gente te recuerde como una buena persona que como alguien egoísta. 

Tomado de: https://psicologiaymente.net/personalidad/consejos-dejar-de-ser-persona-egoista

viernes, septiembre 22, 2017

La importancia de expresar las emociones

​La importancia de expresar las emociones


Mucho se habla en el mundo de la psicología sobre la Inteligencia Emocional y cómo este concepto se aplica a diferentes ámbitos de la ciencia de la conducta: clínica, organizaciones, deporte, educación…

Los estudios sugieren que la inteligencia emocional incrementa nuestra salud emocional y nos ayuda a rendir mejor en diferentes aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, el trabajo o los estudios.

Aprender a gestionar las emociones
La inteligencia emocional, un término que hizo popular Daniel Goleman, se compone de diferentes elementos, en concreto cinco, que son los siguientes:


  • Autoconciencia
  • Autorregulación
  • Automotivación
  • Empatía
  • Habilidades sociales

La autoconciencia hace referencia al autoconocimiento emocional, que es clave para poder llevar a cabo los demás elementos que componen este concepto. La autorregulación emocional significa que las personas tenemos capacidad de controlar nuestras emociones, lo que es clave para relacionarnos con otros.

Las personas emocionalmente inteligentes se motivan a sí mismas. También son empáticas, por lo que entienden las emociones de los demás, algo que les ayuda a regular su propio comportamiento. Esto es clave para dominar las habilidades sociales, tan útiles para convivir con otros individuos.

Expresar nuestras emociones, bueno para nosotros y nuestras relaciones
La expresión emocional también es una parte importante de la inteligencia emocional, que engloba diferentes aspectos de los anteriormente comentados. Por ejemplo, ser conscientes de nuestras emociones es necesario para que la expresión emocional sea eficiente.

Ahora bien, debemos aprender a expresar nuestras emociones teniendo en cuenta a las otras personas, y para ello es clave la empatía. Por suerte, la inteligencia emocional puede aprenderse. Ser emocionalmente inteligente aporte muchas ventajas a la hora de hacer frente a las diferentes situaciones del día a día.

Pero, ¿qué beneficios aporta la expresión emocional? En las siguientes líneas te lo explicamos.

1. Te libera
Las personas que expresan sus emociones se sienten más libres puesto que guardar emociones negativas en el interior es una carga demasiado pesada que te impide vivir plenamente. Vivir con ira o deseos de venganza puede hacer que una persona acabe enfermando no solamente psicológicamente, sino también mentalmente.

En psicología se conoce como catarsis el proceso de liberación de emociones negativas. Esta palabra griega hace referencia a purificación, y se hizo popular en el campo de la psicoterapia principalmente con el auge del Psicoanálisis Freudiano.

2. Mayor bienestar emocional
La catarsis, por tanto, da como resultado una liberación emocional y una sensación tranquilidad, como si la persona dejase atrás una gran carga pesada que no le permite vivir plenamente.

Los resultados de esta acción favorecen el bienestar emocional y por eso se ha aplicado este concepto en el mundo de la terapia psicológica. Pero la expresión emocional es algo que debe aprenderse y formar parte de la manera de relacionarse que tiene un individuo en su día a día.

3. Te respetas a ti mismo/a
Muchas veces no expresamos a nosotros porque estamos demasiado pendientes de lo que los demás piensen de nosotros mismo, esto hace que no nos respetemos ni conectemos con nuestra propia esencia. Respetarse a sí mismo incluye expresar las emociones que sentimos. Eso sí, siempre de manera asertiva ya que también debemos respetar a la otra persona.

No debes tener miedo a la reacción de los demás cuando expresas tus emociones, pero tampoco es cuestión de expresar estas emociones de manera impulsiva. La expresión emocional es parte de la inteligencia emocional, y puede aprenderse.

4. Inspiras confianza y credibilidad
Cuando expresas cómo te sientes puedes hacer que las relaciones con otras personas sean más sanas. Como he comentado, es necesario que lo hagas con respeto. Puede que otras personas no siempre estén de acuerdo contigo en todas tus opiniones, pero cuando la comunicación es asertiva, los beneficios para la relación son muchos.

Cuando nos mostramos como somos sin miedo a nuestras emociones, proyectamos una personalidad más auténtica, algo que puede incrementar la confianza y la credibilidad hacia ti por parte de otros individuos.

5. Te empodera frente a la vida
Cuando no te importa cómo piensen los demás sobre tu persona estás en sintonía contigo mismo, tus deseos y tus emociones. Esto es una herramienta muy potente frente a la vida y te permite crecer. Conocerte a ti mismo es uno de los puntos fuertes si lo que queremos es luchar por nuestro desarrollo personal. La inteligencia emocional nos permite adaptarnos mejor al entorno y nos empodera frente al cambio.


6. Camino hacia la paz interior
La felicidad está muy relacionada con encontrar la paz interior, y esto es posible siempre y cuando seamos sinceros con nosotros mismos y expresemos en nuestras emociones apropiadamente. Vivir el presente, prestar atención en las cosas positivas de la vida, aprender a ser uno mismo y la correcta gestión emocional son claves para gozar de un mayor bienestar y encontrar la paz interior.

7. Mejora las relaciones interpersonales
La confianza y la credibilidad que inspira una persona que expresa sus emociones apropiadamente afecta positivamente a las relaciones interpersonales. Por eso, saber expresar los propios sentimientos de manera correcta puede unirnos a otra persona y puede evitar conflictos que pueden aparecer por guardarnos cosas dentro. La comunicación es clave en cualquier tipo de relación, y las emociones forman parte de nuestra vida, por lo que no debemos reprimirlas. 

Tomado de : https://psicologiaymente.net/psicologia/importancia-expresar-emociones 

jueves, septiembre 21, 2017

7 Hábitos para cultivar la confianza en uno mismo.

7 hábitos para cultivar la confianza en uno mismo

Las personas que gozan de una alta confianza en sí mismas son más exitosas en las tareas que tienen que llevar a caboy, en muchas ocasiones, en la vida en general. Esta variable psicológica puede confundirse con la autoestima, pero no son lo mismo.

Es por eso que estos individuos superan las adversidades porque se sienten capacitados para ello, y alcanzan las metas laborales o vitales pues perciben que son capaces de hacerlo. Su motivación se mantiene elevada y son capaces de tomar decisiones correctas incluso en los momentos más complejos.

La autoconfianza es clave para el desarrollo personal

Muchas personas suelen confundir la autoconfianza con la autoestima. Pero la autoestima está relacionada con la valoración global que hace una persona de sí misma, es un sentimiento general, y se refiere a la estima, es decir, a lo mucho que una persona se quiere y se aprecia.
En cambio, la autoconfianza hace referencia en la confianza que tiene una persona en sus capacidades respecto a una tarea determinada. Tiene que ver con las competencias y habilidades, y las creencias que una persona tiene sobre el dominio de éstas. Por ejemplo, si un vendedor sabe que hace un buen trabajo como comercial, seguramente tendrá una mayor seguridad a la hora de persuadir a un cliente, puesto que cree que es bueno haciéndolo.
La confianza en uno mismo hace referencia a una área específica de nuestra vida, a diferencia de la autoestima, que es un concepto global. El vendedor del ejemplo anterior, por tanto, tendrá una alta autoconfianza a la hora de realizar su trabajo, pero puede que tenga una autoconfianza baja a la hora de tener pareja.

Hábitos y acciones para cultivar la autoconfianza

En las siguientes líneas puedes encontrar una serie de consejos que te permitirán cultivar la confianza en ti mismo.

1. Elógiate

Una de las mejores maneras de volver a repetir conductas es gracias al refuerzo. Los elogios son una buena manera de recordarte a ti mismo lo bien que has hecho las cosas, y son una potente forma de persuasión verbal, que según Albert Bandura es uno de los elementos que influyen en la autoconfianza. Por tanto, darle más importancia a las cosas que te salen bien y minimizar el impacto de las cosas negativas puede influir positivamente en al autoconfianza. Para hacer esto, la aceptación es clave.

2. Ten una actitud positiva

Evidentemente, no siempre es posible tener una actitud positiva, pero, siguiendo el punto anterior, debemos hacer un esfuerzo por ver las cosas buenas de la vida. Dejar de compararte con los demás y comenzar a valorar tus habilidades de manera positiva tiene una gran influencia en cómo percibes los retos que se te presentan en el día a día.
De hecho, tener una autoconfianza baja o débil se asocia a pensamientos negativos y de fracaso, por lo que debemos adoptar la mentalidad contraria. Debemos intentar estar motivados la mayor parte del tiempo, aunque a veces cueste.

3. Ten modelos exitosos

Albert Bandura, uno de los teóricos más importantes de este concepto, explicó en su teoría sociocultural el motivo por el cual aprendemos por observación y cómo algunas personas tienen una gran influencia en nuestra conducta, y también en nuestra autoconfianza.

De hecho, este autor piensa que observar a otras personas realizando actividades exitosas tiene una gran influencia en nuestra propia autoconfianza. 

4. Acepta el pasado

La aceptación de nuestras propias experiencias y de nosotros mismos no solamente influye positivamente en nuestro bienestar y equilibrio emocional, sino también en la confianza en nosotros mismos. Si cuando nos van mal las cosas nos recreamos en ellas, es posible que tengamos una percepción negativa de nosotros mismos y de nuestras capacidades para hacer frente a una actividad determinada.

En cambio, si ante los fracasos adoptamos una mentalidad de aceptación y entendemos que los errores son parte de nuestra vida, nuestra autoconfianza no tiene por qué verse afectada negativamente en estas situaciones.

5. Ponte a prueba

Albert Bandura cree que otro de los elementos que influyen en la confianza en nosotros mismos es actuar. Si nos atrevemos a hacer algo y sale bien, nuestra autoconfianza mejora. Las experiencias positivas son esenciales para que la percepción de nuestras capacidades sea positiva.
Como he comentado en el punto anterior, cuando las cosas no salen bien es mejor aceptarlas y seguir adelante. Ya que las experiencias son una gran fuente de información para la autoconfianza, y quizás la más importante, siempre es mejor ponerse a prueba, pues solamente podemos arrepentirnos de lo que no hemos hecho.

6. Recuerda tus logros

Aceptar las experiencias negativas actúa como protección y mantiene la confianza en uno mismo en una zona segura, no obstante, también es importante recordarnos que hay cosas que hacemos muy bien.
Esto es posible hacerlo elaborando una lista de logros, que podemos utilizar con tanta frecuencia como deseemos para recordarnos nuestras puntos fuertes y nuestras metas conseguidas. Sin lugar a dudas, una estrategia útil para los momentos en los que nos sentimos menos motivados.

7. Prepárate bien

Cuando no tenemos mucha confianza en nosotros mismos respecto a una situación concreta siempre podemos prepararnos bien, pues esto puede mejorar la percepción de autoconfianza. Por ejemplo, puede que no dominemos un tema lo suficiente para hacer una presentación en la universidad. No obstante, si la preparamos con suficiente antelación y nos informamos apropiadamente, es posible que en el momento de exponer ese tema nuestra confianza haya aumentado.

Tomado de: https://psicologiaymente.net/psicologia/habitos-cultivar-confianza

miércoles, septiembre 20, 2017

Resiliencia en el contexto deportivo

Resiliencia en el contexto deportivo

La práctica de deporte conlleva mucha presión psicológica y hay que gestionarla con resiliencia.

La resiliencia es un concepto frecuentemente utilizado por la psicología clínica para definir esa capacidad que tienen los individuos de reponerse ante la adversidad.

Sin embargo, no hay una sola forma de construir resiliencia y, por ejemplo, numerosos estudios apuntan a que la habilidad de manejar el estrés es un factor que contribuye al buen rendimiento deportivo.

Afrontando la adversidad mediante el deporte

En el deporte es muy común encontrarse con elementos estresantes relacionados con las condiciones de la competición o de la organización. Por eso, el concepto de resiliencia cobra un matiz estrechamente relacionado con la calidad de vida del deportista.

Aquellos que presentan un perfil resiliente experimentan un mayor conocimiento en habilidades de afrontamiento hacia las adversidades. Esa fortaleza mental contribuye en la recuperación de lesiones. Un buen perfil resiliente, además de una buena técnica, compromiso y un alto apoyo social, son variables que están asociadas al alto rendimiento.

Los estudios sobre resiliencia han sido tradicionalmente centrados en comunidades o familias que han sido sometidas previamente a eventos estresantes. En el ámbito del deporte todavía no se cuenta con tantas investigaciones sobre resiliencia como las que se han dado en el área clínica.

El perfil resiliente

Se debe tener en cuenta que la mayoría de las presiones pueden ser autoimpuestas por las exigencias del propio deportista. Galli y Vealey (2008) realizaron un estudio con jugadores de élite mediante entrevistas acerca de los hechos adversos que tuvieron que superar en el deporte.

En ellos estaban incluidas las lesiones, contratiempos relacionados con el rendimiento, enfermedad y transición a otra categoría. Establecieron un modelo y destacaron las cualidades que pertenecerían a un perfil resiliente; actitud positiva, madurez, competitividad, compromiso y una fuerte determinación.

Se han analizado diversas variables psicológicas relacionadas con el optimismo. Estas variables se centran en la gestión de las adversidades y el rendimiento deportivo. Para ello estudiaron los estados de ánimo del deportista y la fortaleza mental encontrando que las personas optimistas se recuperan con mayor rapidez de eventos estresante. Pero además se encontró que las personas que mantienen una práctica física activa, consiguen mayores niveles de optimismo respecto a las personas inactivas o sedentarias (Kerr, Au y Lindner, 2005).

El caso de los deportistas con discapacidad

Cuando se habla de resiliencia y deporte tampoco se debe olvidar a los deportistas con discapacidad, estos deportistas presentan unas características propias que les impulsan a hacer frente a las adversidades.

No obstante, se encontraron diferencias en las puntuaciones en resiliencia atendiendo al tipo de discapacidad que presentan. Aquellos deportistas con parálisis cerebral presentaron peores resultados que los lesionados medulares.

El papel del Psicólogo Deportivo

Todos estos estudios resaltan la importancia de los factores protectores sin descuidar la prevención. El uso de estrategias positivas, apoyo social que permita una retroalimentación constante, el establecimiento de objetivos claros y la evaluación de las estrategias aplicadas son fundamentales para desarrollar estrategias de afrontamiento útiles y en la formación de un perfil resiliente.

Este trabajo compete al Psicólogo Deportivo, al entrenador y al deportista siendo una labor integrativa por parte de todos en la que se debe priorizar una buena planificación. Los conocimientos tanto del cuerpo técnico como del Psicólogo Deportivo van a generar sentimientos de autoconfianza y seguridad en el deportista reduciendo la posibilidad de que las situaciones potencialmente estresantes afecten a su rendimiento.

La comprensión y la formación acerca del concepto de resiliencia por parte de los profesionales de las Ciencias del Deporte permitirá abordar la capacidad de los deportistas a la adaptación positiva de las adversidades consiguiéndose de esta forma un rendimiento óptimo deportivo.

En lo referido a la intervención sobre el perfil resiliente, los programas de mejora del perfil resiliente pueden producir cambios importantes en variables psicosociales asociadas con laslesiones, enfermedades y la motivación intrínseca del deportista.

Extendiendo la resiliencia a otras facetas de la vida

Por otra parte, no se debe olvidar que muchas capacidades que han sido adquiridas a través del deporte son extrapoladas a otras áreas de la vida (escuela, familia, trabajo).

La práctica deportiva desde sus etapas más tempranas es una escuela de valores que promociona hábitos saludables. Por lo que los beneficios en la adquisición de estas estrategias pueden ser múltiples, no solo en el rendimiento deportivo si se pretende ser un deportista de élite sino en la educación y en el desarrollo personal en niños y adolescentes.

Tomado de : https://psicologiaymente.net/deporte/resiliencia-contexto-deportivo